OpiniónPolítica

Alguien sobra en Alianza PAIS

Por Sharvelt Kattán

Tras la destitución de Lenín Moreno de la presidencia de Alianza PAIS ocurrieron dos cosas previsibles: el movimiento se acabó de romper, y los sectores políticos afines al primer mandatario, que hasta hace unos meses se habían disputado su figura con el movimiento oficialista, ahora pueden pensar en la posibilidad de abrir una nueva tienda política con Moreno a la cabeza, o al menos con él como la figura visible y popular.

El problema no radica, sin embargo, en que Moreno se separe de AP y funde un nuevo movimiento. Esa salida, aunque pragmáticamente acertada, es políticamente incorrecta, porque supone la derrota del primer mandatario. Y aunque es bien cierto que Moreno siente rechazo por el movimiento que lo llevó al poder, al menos por la forma en que éste ahora se conduce, eso no implica que esté dispuesto a abandonar una estructura bien definida, con asambleístas, alcaldes y prefectos en funciones, porque a estas alturas esos aliados le resultan imprescindibles para su proyecto político.

El asunto es que a Moreno lo destituyen por no coincidir con Correa, por hacer lo que el expresidente nunca hubiera hecho y por regresar a la palestra a aquellos a quienes se considera traidores de la Revolución Ciudadana. Pero la directiva nacional de Alianza PAIS no era la única molesta. Moreno y sus aliados dentro de la organización política ya se estaban alejando, de a poco, de las prácticas de AP; de hecho, Moreno ni siquiera iba a las reuniones del movimiento.

Desde esa perspectiva, parece sano que Moreno abandone la presidencia de AP y al propio movimiento. Pero lo que conlleva el capital político de una estructura que ha estado en el poder más de diez años es motivo suficiente para dar la pelea. Y más si se toma en cuenta la cercanía de la Consulta Popular, que podría significar la primera victoria contundente de Lenín Moreno, sin el peso de Correa de su lado.

El otro asunto es que a Moreno no le queda más remedio que mostrarse como un hombre duro, decidido a consolidarse en el poder y establecer los parámetros que él considera adecuados para gobernar. De no hacerlo, podría quedar ante la opinión pública como un hombre tibio, incapaz de desafiar a quienes intentan utilizarlo… y nadie pierde más votos que un hombre tibio.

Está claro que la presencia de Moreno en Alianza PAIS no será eterna, y que seguramente de cara a las próximas elecciones presidenciales, él mismo podría pensar en fundar otro movimiento. Pero, por ahora, Moreno necesita de Alianza PAIS para sostener sus objetivos políticos, concretar las reformas propuestas en la Consulta, y mantenerse arriba en los sondeos de opinión. Sin el movimiento, está solo, porque su equipo de confianza lo compone un collage de exfuncionarios de Correa, viejos coidearios suyos y aquellos a quienes había que poner como cuota política de otros partidos con los que se ha venido aliando.

Fuero de eso, Moreno goza de una alta aceptación popular que, no obstante, no se ha concretado en ninguna estructura política que no sea la de Alianza PAIS. Su salida, entonces, sería el naufragio definitivo del movimiento, sí, pero quizá también el suyo propio, pues la organización política que hoy lo rechaza, es la única que podría generarle réditos políticos en el mediano y largo plazo.

El panorama se pone más complejo, sin embargo, cuando sectores de Alianza PAIS, varias e importantes direcciones provinciales, por ejemplo, declaran abiertamente su apoyo a Moreno y con eso queda implícito su rechazo a la directiva nacional del movimiento y al propio Correa. Entonces a Moreno le queda una salida antes de abandonar AP: pelear por tomar el control y deshacerse de aquellos que lo quieren fuera. Y no parece imposible que ocurra, porque cuenta con el respaldo de 47 de los 74 asambleístas y de las bases del movimiento en provincias, donde su actual liderazgo es indiscutible.

A ello se debe sumar la desgastada imagen de miembros de la directiva nacional, como Rivadeneira y Patiño, quienes no gozan de favor alguno entre la ciudadanía, para pensar que los planes de Moreno de quedarse en el movimiento y tomar el control del mismo podrían resultar exitosos. Pero la noche del 31 de octubre pasado, la directiva nacional no solo anunció la destitución de Moreno…

Ricardo Patiño dejó en claro que el regreso de Rafael Correa al país es inminente. Y aunque mucho se había hablado ya de su aparición de cara a la Consulta Popular, donde hará campaña abierta por el NO, los motivos esta vez podrían ser mayores. Correa regresa a “poner orden en casa”, o eso es lo que piensan los miembros de Alianza PAIS leales a él.

Será luego de su llegada donde sí se pueda hablar de las verdaderas rupturas dentro del movimiento, porque habrá que ver quiénes, ante la figura del expresidente, decidan “olvidar” el asunto y asegurarse su permanencia dentro de esa tienda política y quienes, en cambio, envalentonados por el rumbo que toman las cosas, lo confronten y decidan darle definitivamente la espalda.

Lo que sí es seguro es que los sectores leales a Correa dentro del bloque ya han empezado a dar las primeras muestras de inminente batalla. Que 23 asambleístas, entre los cuales destacan las figuras de Gabriela Rivadeneira, Doris Soliz, Marcela Aguiñaga, Augusto Espinosa, Pabel Muñoz y Marcela Holguín, hayan hecho público a Rafael Correa como líder absoluto de la Revolución Ciudadana y hayan rechazado dos de las preguntas de la Consulta Popular deja en claro que no hay solución para el conflicto.

De hecho, esa acción podría ser leída como la primera de muchas que empiezan a abonar el camino para la vuelta de Correa; y, claro, con su llegada, la confrontación total a Moreno. Porque hablar de Correa como líder máximo no solo da cuenta de su lealtad, sino que llama al electorado, o al menos eso pretenden, a recordar quién es el mayor ideólogo de la Revolución Ciudadana y que si alguien se le opone, así sea Moreno, quien hoy lidera el país, debe ser censurado.

Pero el bando de Moreno, dentro del movimiento, tampoco está dispuesto a ceder. La sanción que la Comisión de ética de Alianza PAIS estableció contra nueve militantes de la organización política por su maniobra contra Moreno, es muestra de que el movimiento ya no le pertenece a Correa y su gente.

Los sancionados fueron: Gabriela Rivadeneira, Doris Soliz, Ricardo Patiño, Paola Cabezas, Juan Valdivieso, Lira Villalba, Diego Landázuri, Mauricio Zambrano y Campo Elías Rosales.

Sin embargo, por ahora nada es cierto. Ni la destitución del presidente, ni la sanción contra los nueve militantes que ejecutaron esa maniobra. Lo que sí puede ser inevitable es el enfrentamiento entre Correa y Moreno; un enfrentamiento que ya no será en redes sociales, como hasta ahora ha ocurrido, sino en la escena física. Allí la presencia del exmandatario será decisiva.

Y claro, el más preocupado, probablemente, sea Moreno, porque la presencia de Correa podría significar la reagrupación de algunos sectores del movimiento que ahora mismo caminan desorientados de un lado a otro sin decantar por algún bando. El desequilibrio podría ponérsele en contra al primer mandatario, quien no tiene un opositor fuerte ni dentro ni fuera del movimiento, pero que sabe que el ex primer mandatario es quien tomará ese lugar. Y eso es algo que va a entorpecer la forma en que Moreno esperaba llevar su gobierno los siguientes años.

Que Correa signifique una molestia durante la campaña de la Consulta era una cosa, pero que reaparezca como la solución a la crisis institucional de Alianza PAIS pone en riesgo el liderazgo de Moreno ante sus coiderarios y, por lógica, ante la opinión pública. Porque mucho se ha hablado de su desventaja en escena, si se lo compara con su antecesor. Ahí es donde el presidente podría tener problemas si, llegado el caso, la hegemonía interna de AP se debe definir desde sus bases y no desde los juegos políticos de la directiva y el buró de Moreno.

De todas maneras, los grupos que se benefician de esta ruptura, y que son muchos, estarán pensando ya en amortiguar una posible caída de Moreno o, en su defecto, apuntalar su triunfo. Cualquiera sea el caso, podría concretarse la propuesta de un nuevo movimiento formado por aquellos quienes se vayan desligando de AP en los siguientes meses, actores hace tiempo relegados por la Revolución Ciudadana, y opositores al correísmo.

Y entonces la política ecuatoriana podría resumirse en: el movimiento gobiernista y sus aliados, versus los opositores, donde por primera vez Alianza PAIS encabezaría ese bando.

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