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Burbano de Lara: “La bronca de AP se desplazó al terreno pantanoso de las pasiones irreconciliables”

La situación al interior de Alianza PAIS se vuelve cada vez más crítica. Los entredichos y frases directas entre el presidente Lenín Moreno y el expresidente Rafael Correa han configurado un panorama de división entre dos bandos: morenistas y correístas, que buscan definir -con base en la medición de fuerzas- el liderazgo del movimiento.

Este hecho podría parecer aislado, pues es la situación de un solo movimiento político; sin embargo, no es tan sencillo, ya que se trata de un remezón en el partido que ha monopolizado el tablero político en la última década. Así lo explica Felipe Burbano de Lara, analista político y profesor investigador y coordinador del Departamento de Estudios Políticos de Flacso Ecuador.

La Caja Negra dialogó con Burbano respecto a este conflicto, sus repercusiones en la agenda política del país, la correlación de fuerzas en el movimiento, el anunciado regreso de Rafael Correa, entre otros temas.

¿Qué origina este evidente y ya público rompimiento de Alianza PAIS?

Una de las cosas es la dificultad de relevar al líder carismático, como el conductor de la revolución ciudadana. En el caso de Rafael Correa es tener que relevar a alguien que fue considerado por el movimiento y por sí mismo como irremplazable, y la lógica de este liderazgo carismático es que no hereda, no transfiere el poder y lo que va a exigir -una vez que lo deja- es una incondicionalidad y lealtad absoluta del sucesor.

En esa condición, a Moreno le quedaban tres opciones. La primera era subordinarse a Correa: dejar que Correa siga siendo el poder detrás del trono. La segunda era tener un poder equivalente al de Correa, de tal modo que pudieran negociar permanentemente la gestión gubernamental entre morenistas y correístas, lo que sería un gobierno de transacción -si se quiere- entre las dos fracciones de AP. Y la tercera, la de la ruptura, que fue la que finalmente escogió Moreno. Es decir, la de la liberación del movimiento y del gobierno, de la figura de Correa.

Yo he llamado a esto un parricidio político, que es la vía que encontró Moreno para darse a sí mismo una identidad, para configurar una estructura de gobierno en la que pueda tomar las decisiones sin tener la presencia espectral de su antecesor.

¿Esta opción escogida por Moreno fue la mejor para su gobierno?

Es la mejor desde su punto de vista, desde su intención de constituir un liderazgo propio, porque no había ninguna posibilidad de crear un liderazgo propio si no era a partir de la ruptura con Correa, pero es una opción riesgosa y que tiene costos, como la división en Alianza PAIS, la fractura del bloque legislativo, la pugna permanente con Correa y su séquito. Esto crea un clima de confrontación e inestabilidad, que dificulta las condiciones generales de ejercicio del gobierno.

Entonces, la única opción que le quedaba para desarrollar una estructura de gobierno propio era esa, pese al costo que trae consigo.

Y me parece que el problema se complementa con dos temas adicionales. Uno, el de la corrupción, que tenía que enfrentar el gobierno de Moreno, porque es un tema que el gobierno anterior no había enfrentado, que provocó una pugna casi inmediata luego de su posesión en la presidencia,  sobre todo en el caso del vicepresidente Glas. A eso se agregan las denuncias que ha hecho Moreno, respecto al mismo tema de corrupción.

La otra me parece que va por las diferencias ideológicas entre morenistas y correístas, que se ha expresado en lo que Moreno llama cambio de estilo político. Ahí no solo hay la necesidad de darle una marca personal al liderazgo político de Alianza PAIS, sino que hay diferencias marcadas en la concepción ideológica del proyecto.

Respecto a esos dos bandos, correístas y morenistas, además del líder, ¿qué identifica a cada uno?

Los diferencia una visión distinta de la política. El bando correísta ha apostado y defendido una postura política polarizadora, antagonista, porque cree que a través del antagonismo se remueven las estructuras del poder, por lo tanto se puede generar una dinámica de cambio. Es una visión de la política que entiende el cambio como el resultado de una confrontación permanente, por lo que se convierte en una práctica que siempre está trazando una línea entre amigos y enemigos, y que tiene un claro perfil autoritario, muy enraizada en la figura del mismo Correa: giraba a su alrededor y era quien marcaba esa línea. Esa concepción de la política además llevaba a la subordinación de todo el movimiento a su liderazgo, que es personalista y carismático.

Del otro lado, hay una concepción de la política más tolerante, que cree que a través del diálogo puede llegar a consensos, que cree que el diálogo es la vía para pactar lineamientos de política gubernamental y que no cree que el cambio -necesariamente- deba seguir una lógica autoritaria, sino que puede convivir dentro de una lógica democrática, pluralista, tolerante -como ha dicho Moreno- de mano extendida.

Lo que significa que la relación que se establece con la sociedad es totalmente distinta a la de su predecesor y su modelo, porque para Correa y el correísmo, la relación debía ser y fue de imposición de la agenda gubernamental, que no reconocía otra iniciativa de gestión gubernamental que la de este liderazgo y del círculo que lo rodeaba.

¿Cómo entender que un remezón al interior de un movimiento como AP marque la agenda política del país?

Es el movimiento político más grande que ha tenido el país, por lo menos en las últimas cuatro décadas o desde que volvimos a la democracia. Es un movimiento inédito en ese sentido, por la fuerza que tuvo, por la cantidad de legisladores que ubicó en la Asamblea, por el dominio que ha ejercido en los últimos 10 años. Era y es el partido gobernante, entonces el horizonte y destino del país dependía mucho de lo que iba a ocurrir con Alianza PAIS. En la suerte de este movimiento se juega en mucho la suerte política del Ecuador; este conflicto entre dos tendencias dentro del movimiento va a definir el escenario político del país para el futuro.

¿Cómo deja esto a la oposición?

En este momento, la oposición observa el conflicto de AP y ha tenido que definir una postura, porque ha sido arrastrada por este conflicto. Lo que vemos es una oposición alineada con Moreno, en contra del correísmo y me parece que esta transición política no va a terminar sino hasta después de la consulta popular, en caso de que haya consulta. Recién ahí veremos la redefinición y el lugar que ocupa cada fuerza política en un escenario poscorreísta, pero -por el momento- es una oposición que está en una situación muy ambigua y compleja: tener que tomar partido respecto al conflicto de AP y hacer su juego en relación al gobierno de Moreno, en medio de esta transición que aún no termina.

Se anuncia la convención nacional de AP o al menos de una parte. ¿Qué se puede esperar de esa cita?

Creo que nada, creo que esta es una batalla por el control del movimiento, por definir quién se queda con el membrete, el número de la lista, los colores, el símbolo… que contiene un capital político; y creo que esto se va a dirimir en el terreno legal institucional. Finalmente, el Consejo Nacional Electoral (CNE) será el que dirima en esta lucha entre dos bandos.

Me parece que la convención convocada en Esmeraldas es parte de esta batalla, que tendrá fuegos pirotécnicos y servirá para demostrar quién tiene las bases, pero nada más allá de eso.

Rafael Correa regresa o anuncia su regreso para esta convención. ¿Qué representa ese retorno y qué rol llega a ocupar en el panorama político del movimiento?

Su papel es muy complicado. Por un lado es el gran líder, el gran personaje, permanentemente reivindicado por el ala correísta; y alrededor de esa reivindicación se ratifica la famosa década ganada, que se dimensiona a nivel histórico.

En ese lado se tiene la aclamación permanente de Correa desde los correístas, que fue la lógica que predominó en AP en los últimos 10 años, porque el movimiento se dedicó a construir un mito alrededor de Correa, a aclamar a este líder, a crear la imagen de una gran personalidad histórica, comparable con Eloy Alfaro.

Ahora tenemos otra facción dentro de AP, que se está encargando de desmontar ese mito, de deconstruirlo, de demostrar que detrás de Correa había una lógica autoritaria e ineficaz de gestión gubernamental, una lógica de que quería perpetuarse. Detrás de la desacralización de esta figura están movilizándose sectores -que incluyen al mismo Moreno- y que en su tiempo fueron parte del grupo que se encargó de construir el mito.

¿Cómo se configura la correlación de fuerzas al interior del movimiento con la llegada de Correa?

Creo que Correa viene para agitar a las bases de AP y evitar que sufran una desbandada frente a esta confusión que debe haber frente a la pugna por los liderazgos políticos. Viene a enfrentar las críticas que han llegado desde el gobierno, defender lo que llama la década ganada, su prestigio, el manejo de los recursos de la última década y medir también sus fuerzas, porque desde Bélgica es muy difícil evaluar qué es lo que está pasando, más allá del enfrentamiento entre dos corrientes y dos liderazgos.

Yo no sé cómo va a quedar, lo que es claro es que la estructura de poder que dejó montada Correa ha sido muy golpeada, que el movimiento está dividido, que el bloque está apoyando mayoritariamente a la consulta popular. Correa no tiene un control fuerte o directo sobre la Fiscalía, el Contralor de confianza de la revolución ciudadana está prófugo en Miami, no tiene el megáfono grandote de los medios públicos que le sirvió tanto, no tiene la sabatina… Ha perdido un montón de recursos de poder.

Creo que esta venida temporal al Ecuador es para medir sus fuerzas, recomponer hasta donde se puedan algunos cuadros dirigenciales de AP y para evitar que las bases abandonen masivamente el correísmo y se vuelquen a favor del gobierno.

¿Gustavo Larrea tiene algún rol en esta bronca?

Yo veo que él es quien se está beneficiando de esta fragmentación. Sospecho que su juego es capturar para Democracia Sí parte del descontento que gira alrededor de AP. Es decir, generar un movimiento que sea capaz de retomar muchos de los aspectos que planteó Alianza PAIS, partido del que también fue parte, en su agenda original, en 2007; actualizarla y configurar un movimiento que recoja todo el malestar y desconcierto que existe en AP.

Me parece que es el movimiento que va a tener la bendición o las simpatías oficiales para que sea una fuerza de apoyo al gobierno, una fuerza política que crezca, que sea capaz de jugar un papel importante en este momento de fractura de AP, que es la fractura del movimiento que llegó a hegemonizar la política ecuatoriana y cuya ruptura deja consecuencias como dispersión, fragmentación, confusión e incertidumbre.

Yo creo que Gustavo Larrea y su movimiento entran en este momento y quieren aprovechar un poco el vacío que deja el quiebre de AP.

Este posicionamiento que comienza a tener Democracia Sí beneficia de alguna manera a Lenín Moreno o le serviría como un colchón en caso de que AP finalmente se decante por el liderazgo de Correa.

No sé cuál sea la fuerza de Democracia Sí, pero sospecho que no es un movimiento que tenga una fuerza importante, al menos no en este momento.

La política ahora se caracteriza por la presencia efímera de movimientos políticos, como lo que sucedió con Avanza, de Ramiro González, que en el 2014 tuvo un éxito electoral enorme, pero que en 2017 fue un fracaso rotundo. Me parece que la política es una búsqueda permanente de movimientos y partidos, pero que reciben apoyos efímeros de la ciudadanía y creo que en este contexto entra Democracia Sí, pero no tengo una certeza de lo que es ese movimiento y tampoco conozco la fuerza de liderazgo de Gustavo Larrea, porque él nunca ha sido una persona que arrastre sectores electorales y sociales, pero -por el contexto que está viviendo- aparece como un estratega político importante, un tipo que tiene una visión clara de la política ecuatoriana y que es muy cercano a Lenín Moreno, entonces puede jugar el papel que tú sugieres. Es decir, frente a la eventualidad de que Moreno pierda el control de AP, Democracia Sí podría ser ese partido, esa fuerza que contrarreste la presencia de Alianza PAIS.

Respecto a lo que menciona sobre los partidos políticos efímeros, ¿se puede decir que Avanza fue a Correa lo que Democracia Sí es a Moreno?

Sí, con la diferencia de que Avanza fue -en las elecciones del 2014- un partido que ganó dignidades locales, fue un partido que aparentemente tenía un sustento en varios territorios y por lo tanto le podía dar al gobierno el apoyo de sus bases, de sus alcaldes, de sus territorios. Sin embargo -como decía hace un momento- son apoyos efímeros, no hay consistencia y no se ve que detrás de Avanza se configuró un movimiento sin corriente ideológica, sin propuesta política clara. Más bien fue una suma de acuerdos con direcciones políticas a nivel local, que fueron exitosas en un determinado momento.

Además no hemos visto el desempeño electoral de Democracia Sí. Puede ser que sea un movimiento que tiene unas bases organizativas u organizaciones dirigenciales a nivel provincial…, pero no lo hemos visto en el plano electoral. Entonces, está bien como movimiento que jale gente a las calles y que simpaticen con Moreno, eso siempre ayuda en una lucha política como la que se está viviendo hoy en día, pero no sé si eso baste o si se configure en una fuerza electoral que le dé un soporte importante al gobierno.

Es posible que AP se separe de manera oficial. Es decir, que uno de los dos bandos abandone o sea expulsado del partido.

Va a depender del pronunciamiento final del CNE. Ahí va a haber una intervención desde arriba y la verdad no sé cómo actúen estas facciones frente al pronunciamiento el CNE. Ya vimos que ratificó a Moreno como presidente de AP y rechazó las acciones que tomaron Patiño y Rivadeneira como parte de la dirección nacional.

Entonces, crea una confusión muy grande y no sé exactamente cómo se va a resolver. Lo único que me queda claro es que está partida y que es una organización que va a terminar, por lo menos, en más de dos bandos.

CREO, en las últimas elecciones se posicionó como la segunda fuerza política del país, pero ahora tenemos a Moreno, de AP, como presidente; al ala correísta de AP como principal fuerza opositora y a la oposición alineada con Moreno. ¿Cómo explicar este complejo mapa político?

CREO cometió un error enorme después de las elecciones, que fue no aceptar los resultados y eso -me parece a mí- que lo dejó fuera de la escena política, porque un movimiento que no reconoce la legitimidad de los resultados electorales tiene que ponerse siempre en contra del gobierno. Es decir, desplegar una oposición muy radical al gobierno para ser consecuente con su accionar, porque si dijeron que es un gobierno ilegítimo o que llegó al poder porque hubo fraude, el único camino que les quedaba era la confrontación en las calles.

CREO cometió un error enorme al proclamar la ilegitimidad del gobierno de Moreno y eso le restó espacio.

Además, el espacio del anticorreísmo, que llegó a capitalizar CREO, sobre todo en la segunda vuelta electoral alrededor de Lasso, hoy está comandado por Moreno. Cuando el Presidente convocó a la consulta, lo que hizo fue subirse a esta ola anticorreísta y liderarla, entonces ahora vivimos una paradoja, porque el anticorreísmo está siendo alimentado por una facción de Alianza PAIS y en esta dinámica anticorreísta siguen actuando de manera militante los partidos de la derecha, que siguen apoyando la consulta; los movimientos sociales, indígenas, ambientalistas…

Es decir, toda esa coalición que se formó alrededor de Lasso en la segunda vuelta -y que no era un apoyo a Lasso, sino un rechazo a Correa- hoy sigue viva y es movilizada desde el presidente Moreno, quien alimenta ese espíritu permanentemente.

Entonces CREO ya no tiene mucho que decir y lo que tenga que decir, le están dando diciendo.

En este panorama en que la segunda fuerza política electoral pierde peso, en la que AP es oficialismo y oposición… se mantiene una especie de escepticismo en un sector de la población, respecto a la posibilidad de que esto sea solo una estrategia, un show, del mismo movimiento para posicionar a AP en todos los espacios posibles. ¿Existe esa posibilidad o es hilar demasiado fino?

No. Yo creo que hay una bronca, un conflicto, una rivalidad muy seria. Lo que pasa es que la disputa ha tomado un matiz extraño que es esta lucha alrededor de la deslealtad y la traición.

La política ecuatoriana -en este momento- se mueve marcada por la naturaleza del conflicto interno de AP, que tiene esta característica de enfrentar a los “parricidas” con los “leales”, a los “traidores” con los “leales”. Es decir, se desplazó al terreno pantanoso de las pasiones irreconciliables. Entonces, esa es la imagen que tenemos del conflicto. Por eso Correa dice que viene a ver si los “traidores” le pueden mirar a los ojos y esa es una pugna profundísima, que muestra que hay heridas hondas, resentimientos profundos.

El tachar de desleal o de traidor es conducirse a lo más bajo de la práctica política y eso es un conflicto muy complejo que va dejando marcas.

Además hay el abandono, desde el morenismo, de algunas líneas de práctica gubernamental y conducta política que fueron muy importantes durante el correísmo. Por ejemplo, abandona la idea de enemigos y amigos, y Moreno se reúne con actores que Correa consideraba enemigos y eso cambia el escenario, porque no solo es un problema entre “traidores” y “leales”, sino que es una dinámica de alianzas sociales, de negociaciones, de interacción del gobierno con la sociedad, que ha cambiado radicalmente.

Esto de ninguna manera es un tongo, es un conflicto profundo que ha partido al movimiento de gobierno, que ha dejado al Ecuador sin esta fuerza mayoritaria, con un vicepresidente preso, que es decir una cosa gigantesca: Glas, el hombre de confianza de Correa, está en la cárcel; el hombre que debía defender al correísmo dentro del morenismo está en prisión.

Aquí hay un conflicto que no sé a dónde nos va a conducir.

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