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Chacón: “Mi sueño es trabajar con un equipo al que realmente le interese la ciudad”

Fotografías de Ricardo Guanín

Daniela Chacón, concejala independiente de Quito, conversó sobre su experiencia en el Concejo Metropolitano y en la Vicealcaldía, lo que la apasiona y también lo que la decepciona. En su corta trayectoria política ha logrado consolidarse como una de las figuras que impulsa una ciudad más segura y menos discriminatoria. Además, se ha convertido en el rostro femenino crítico del gobierno local.

Ella tiene una maestría en administración pública. A parte de la política, disfruta del montañismo. Sueña con coronar todas las montañas que rodean a Quito y también con formar una familia.

Pronto, colaborará como invitada de La Caja Negra. ¡Espérala!

¿Quién es Daniela Chacón y desde cuándo le gusta la política?

Es una pregunta difícil. Primero diría que soy quiteña. Segundo, soy una persona que se ha interesado en la trascendencia; es decir, que con mi experiencia pueda contribuir al desarrollo de mi ciudad, de mi país. Desde siempre he tenido ese deseo de participar en la política, por lo que fui parte de los gobiernos estudiantiles, los modelos de Naciones Unidas y fui cofundadora del movimiento libertario del Ecuador en la Universidad San Francisco de Quito.

Siempre me gustó la política y quise ser parte de la gestión pública. Por eso he tenido una búsqueda permanente de información sobre lo que ocurre en el país y en la región, así como de espacios para expresar ideas y propuestas.

Tuve la oportunidad de trabajar en la alcaldía de Denver, Estados Unidos, en proyectos de recuperación de espacios públicos y fue ahí cuando me di cuenta del profundo impacto que tienen las políticas locales en la vida de las personas. La gente usualmente piensa la política desde una perspectiva nacional y no desde las ciudades.

¿Cómo fue tu acercamiento con Mauricio Rodas?

Trabajaba en consultorías buscando espacios para hacer acción política. Como las elecciones seccionales estaban cerca, confieso que me colé en un evento de Suma para establecer contactos, porque veía que la candidatura de Mauricio Rodas permitía que una nueva generación ingrese a la política, distinta a la de la revolución ciudadana, y fue así como me llevaron a trabajar en su equipo técnico.

Empecé haciendo investigación y escribiendo líneas argumentales para sus discursos. Eso me dio la oportunidad de conocer con mejor detalle los temas importantes de la ciudad. Luego, me pidieron que arme el plan de gobierno con un pequeño equipo de colaboradores. Nos entrevistamos con gremios, organismos sociales, políticos y un montón de gente que nos dio su perspectiva de lo que estaba pasando en Quito.

Si bien el trabajo en la campaña era ad honorem, cuando uno tiene una pasión debe seguir sus instintos y aprender a tomar riesgos. Mi acercamiento con él se da a partir de mi trabajo en su campaña.

Agradezco que Mauricio haya visto en mí una profesional con la capacidad de asumir nuevos retos e independientemente de si tenía o no influencia política, me permitió formar parte de la lista de concejales del partido.

Cuando entramos en funciones, él ya posicionado como alcalde, me pidió que lo acompañara como vicealcaldesa. Me parecía muy chévere que yo pudiera llegar a un cargo de esa naturaleza. No soy ingenua y sé que la oferta respondía a que era mujer pero también me gané el espacio cuando construí el plan de gobierno y me convertí en vocera oficial de la campaña.

¿Cómo calificarías tu gestión de vicealcaldesa y el tiempo que duró?

Fue un tiempo muy lindo, con retos y dificultades, principalmente porque el vicealcalde solo tiene la capacidad de hacer las tareas que el alcalde le delega. No hay autonomía ni asignación presupuestaria para trabajar proyectos propios.

Sin embargo, entre las principales satisfacciones de ese período está la capacidad de influir en toma de decisiones para la ejecución de algunos programas o políticas, como la lucha contra el acoso sexual en el transporte público. ‘Bájale al acoso’ no hubiese podido salir adelante si es que no había una mujer sentada en el momento de tomar decisiones.

De hecho, a partir de esta experiencia como vicealcaldesa, me convertí en activista por los derechos de las mujeres, porque se reforzó en mí la necesidad de promover que cada vez haya más mujeres en espacios de decisión para ampliar la visión de los programas que se implementan.

¿Ha habido avances en la reducción del acoso en el transporte público?

Un avance es que estamos hablando del tema y ya hay una parte de la sociedad que rechaza y condena los acosos sexuales. Sin embargo, debe ser un trabajo sostenido. El programa ya es un referente en la región, hace poco lo presenté en Buenos Aires y en Santiago. Quito está trabajando y espero que podamos tener resultados más sustanciales en el corto plazo porque el acoso no sólo está en los buses y no es sólo responsabilidad de las autoridades. Al momento, estamos trabajando con la industria de la construcción, mayoritariamente masculina, capacitando y generando conciencia. Necesitamos que toda la sociedad participe para que seamos más inclusivos y tolerantes. Mi visión es que podamos transitar libremente sin tomar una serie de precauciones por el hecho de ser mujeres. Quito lamentablemente es discriminatoria con su gente, en género y discapacidad.

Pienso que durante la época de Rafael Correa retrocedimos mucho pero veo con esperanza la discusión que hay en la Asamblea Nacional de la ley contra la violencia de la mujer.

¿Cuáles son los principales motivos de distanciamiento con el alcalde Rodas y por qué renunciaste a la Vicealcaldía?

La solución vial Guayasamín fue la cereza del pastel. Tenía ya varias discrepancias con el alcalde y su equipo de trabajo. Lo que dijimos en campaña y el plan de gobierno eran muy distintos a lo que se estaba poniendo en práctica. Encontré diferencias con la ciudad que sueño. Entre lo que discrepo está el cómo se priorizan las obras, el destino de los recursos y la forma de hacer política. Por ejemplo, si había una protesta ciudadana, Rodas organizaba una contramarcha al puro estilo de Correa.

Cuando empecé a fiscalizar la solución vial Guayasamín, vi resumidos todos los vicios de la administración actual y no encontré espacio para resolverlos. Es una obra sin planificación, sin estudios y demuestra cómo hemos perdido la magnitud de los recursos públicos. Estábamos lanzándonos al vacío con una obra de 131 millones de dólares que iba a servir para el show. De acuerdo a los propios estudios, estaría obsoleta en 3 ó 5 años desde su inauguración y la íbamos a concesionar a una empresa china por 30 años, con un monto de 700 millones de dólares. Como político hay que preguntarse si ¿quiero el beneficio inmediato o busco trabajar para la ciudad?.

Cuando critiqué la obra, la reacción de la Alcaldía fue muy tradicional, como quien busca enemigos: si estás en contra mío, estás en contra del progreso y eres una mala concejal (risas). Estos y otros factores reforzaron los criterios que ya tenía sobre cómo se estaba manejando la administración de Rodas: sin planificación, de manera improvisada, con el mal uso de los recursos públicos, sin participación ciudadana y con prácticas politiqueras… ninguna de esas fue una razón por la que entré a Suma. Así que la Vicealcaldía tenía un costo muy alto que implicaba no defender mis principios y yo no estaba dispuesta a pagarlo. Puse a disposición mi cargo.

Hay que entender que un vicealcalde debe ser una persona de confianza del alcalde. Si no hay relación de confianza o visiones compartidas, pasaría a ser como el vicepresidente Glas: sin funciones. Desde agosto de 2016, soy concejala independiente.

Tienes fuertes cuestionamientos a la administración actual… En redes sociales promueves una serie de videos denominados ‘Quito en crisis’ ¿cuáles son los los ejes que consideras están en crisis?

Desde distintas aristas debemos conseguir tener un estilo de vida óptimo. En la cumbre de París y en Hábitat III, nos pusimos de acuerdo para que en 2030 tengamos ciudades sostenibles, inclusivas, seguras y resilientes. Esos compromisos significan que debemos hacer las cosas hoy, más aún si las ciudades son las principales fuentes de contaminación y serán el hogar del 75% de la población mundial en 2050.

Si queremos vivir con un tráfico tolerable, en una ciudad que no contamina sus ríos, que gestiona bien sus desechos, debemos empezar a resolver ya los problemas que hay y eso implica tomar decisiones complejas. Por ejemplo, el objetivo de organizar el sistema de transporte público debería ser que éste sea una solución de movilización real para que se reduzcan los autos, el tráfico, etc… es un círculo que parte de decisiones difíciles que se siguen postergando. Políticamente hablando, se toman decisiones parche y estamos desperdiciando nuestros recursos. El 50% de los recursos del Municipio están destinados a lo administrativo y el Municipio sigue siendo la pesadilla de la gente porque te ponen trabas, los trámites se demoran meses y debes hablar con 800 funcionarios. Eso abre la puerta a la corrupción.

No se resuelve la movilidad, hay una deficiente gestión de la basura, la gestión cultural -más allá del espectáculo- no es un generador de identidad y sin identidad hay menos cohesión social por lo que crece la delincuencia, la inseguridad. Y estos temas ni siquiera están en la conversación en esta Alcaldía. Quito está en crisis y tengo interés de informarlo. Es necesario que al menos hablemos de la ciudad, aunque uno de los perjuicios por ser capital  es que la política nacional nos absorbe y nos olvidamos de Quito y solo nos acordamos cuando llegan las elecciones.

¿Cuáles son tus proyectos futuros cuando parecería que el Concejo se ha dedicado a cuestionar toda la gestión Rodas?

Ha sido una gestión bastante deficiente, se ha enfocado en lo superficial sin atender los problemas de fondo. Hemos perdido tiempo y recursos. Yo quiero cerrar el ciclo de los proyectos que inicié y que hemos impulsado, como el sistema de denuncias para los casos de acoso sexual en el transporte público así como tener una normativa que proteja a las mujeres del acoso callejero.

Concluir el trabajo que estamos haciendo para que peatones y ciclistas tengan un espacio en la ciudad y sean respetados a través de una ordenanza municipal que promueva la movilidad sostenible.

Trabajaremos en un proyecto para recuperar la identidad en los espacios públicos, con artistas locales y propuestas de jóvenes. Queremos consolidar esos ejes.

Mi sueño es poder trabajar con un equipo de gente a la que realmente le interese la ciudad, no con quienes ven a Quito como un paso político. Me encanta la política local porque tienes la capacidad de hacer tantas cosas por la gente. No descarto la Alcaldía. Sin embargo, independientemente del espacio que ocupe en 2019, ese es mi sueño, más allá de mis aspiraciones políticas legítimas.

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