Política

Diálogos, consultas y otros vicios

Por Sharvelt Kattán

“Pero, eso sí, (…) no pierden ocasión / de declarar públicamente su empeño
en propiciar un diálogo de franca distensión / que les permita hallar un marco previo
que garantice unas premisas mínimas / que faciliten crear los resortes
que impulsen un punto de partida sólido y capaz / de este a oeste y de sur a norte,
donde establecer las bases de un tratado de amistad / que contribuya a poner los cimientos
de una plataforma donde edificar / un hermoso futuro de amor y paz”.

JOAN MANUEL SERRAT

 

El Diálogo Nacional propuesto por el presidente Lenín Moreno logró su cometido: ganar el apoyo de sectores antes antagónicos. La jugada política, que fue mal vista por grupos aliados al “correísmo”, dejó las puertas abiertas a las propuestas y pedidos que movimientos sociales, políticos y partidos que hasta antes de las elecciones veían a Moreno como una figura de continuismo de los diez años de Revolución Ciudadana.

Si bien el diálogo dejó vacíos ideológicos desde un inicio —cómo compaginaría su fiel defensa inicial de Correa y Glas con sectores como la familia Bucaram, por ejemplo—, la postura que Moreno ha ido tomando en las últimas semanas ha hecho que las incoherencias desaparezcan parcialmente. Al poco de asumido el cargo, el presidente se distanció públicamente de Correa y le retiró el apoyo, y las funciones, a Glas. Esto fue aprobado por los nuevos dialogadores, quienes ahora hablan de una posible independencia de las funciones, tolerancia a la crítica y apertura a las propuestas sociales.

Pero lo que más réditos consiguió esta estrategia política tuvo que ver con la opinión pública. Casi tres meses después de la transmisión de mando, Moreno gozaba de niveles de aceptación del 76,5%, según Cedatos. El despegue de esas cifras estuvo influenciado principalmente por la apertura al diálogo con opositores, aunque medias como las económicas y comunicacionales también influyeron.

Todo parecía calculado. Con el respaldo de la oposición y la subida de su popularidad, el camino de la consulta popular que ahora propone el Gobierno, tiene un camino bien despejado. Y Moreno sabe que, con los ajustes precisos, la victoria es casi segura, aunque todavía falta la parte más difícil: compaginar las propuestas de agrupaciones y políticos con las de su propia agenda.

Y es que hasta el 26 de septiembre se habían registrado ya cerca de 200 propuestas de diversos sectores, que iban desde temas mineros, ecológicos y financieros, hasta los políticos, que es donde muchos, incluyendo al gobierno, parecen tener sus objetivos.

En lo que concuerdan casi todos, claro, es en eliminar las posibilidades de que Correa vuelva al poder. Algunos han pensado en la derogación de las enmiendas constitucionales que el expresidente aprobó en 2015, otros piensan en prohibir la reelección indefinida únicamente, y hay quienes hasta plantean una posible reestructuración completa del Estado, que no solo impida las probables aspiraciones electorales del líder de Alianza PAIS, sino que permita alejar a ciertos funcionarios de su confianza de las cúpulas de las entidades públicas.

Así, el Diálogo nacional perfiló una buena acción de cabildeo del presidente Moreno, quien, mientras tendía la mano para el apoyo, buscaba socios para emprender una lucha por demás compleja. Porque ganarle a Correa, que ha demostrado ser una máquina electoral demoledora, requiere no solo de la voluntad del primer mandatario, sino también la de aquellos que puedan tocar las aún abiertas heridas de un importante número de ciudadanos que desaprueban al exmandatario.

Y todo lo demás, la mano extendida, la voluntad de escuchar, la postura amistosa, aún no se ha cristalizado en alguna otra acción. Todo parecería un bonito discurso de aquello que debería ser la democracia en las sociedades modernas, aunque a final de cuentas no se llegue a nada.

Pero lo incierto del panorama sobrepasa a la consulta popular y al cierre fiscal de 2017 y el presupuesto del año que se aproxima. Cuando la contienda electoral inminente termine, el enemigo común sea eliminado y la “paz” reine entre ecuatorianos, es casi seguro que las asperezas aparecerán y la búsqueda del poder de los sectores hoy aliados abrirán brechas que, como es común en el mundo político, serán insalvables. Recién ahí veremos si el diálogo sobrevive al corto plazo y si la popularidad de Moreno logra sobrevivir a la coyuntura.

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