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El elenco, la fortaleza y la debilidad de Stranger Things

Por Roberto Moreano

De alguna manera, Stranger Things 1 basó el éxito de su irrupción en el poderoso boca a boca y en un potente algoritmo de Netflix que impulsó las preferencias de los usuarios hacia el show. De repente, todos los lugares por los que navegábamos en Internet tenían una esquina (o un banner entero) con referencias al programa y, sutilmente, a las películas de los 80’ que formaron parte esencial de la composición narrativa de Stranger Things.

Si bien este fue un elemento clave para enganchar audiencia en el inicio de la serie, nada garantizaba la formación de una base sólida de fans que devore los 8 capítulos producidos durante esa primera temporada; y que, aún más, se conviertan en los hacedores de las narrativas convergentes a las que estamos ya bien acostumbrados: videojuegos, camisetas, apps móviles, parodias, memes, spin-offs y más. ¡El maravilloso poder del Internet!

Es ahí cuando entra en juego lo que nos impactó a todos: un grupo de niños actores, hasta entonces desconocidos, que demostraron ser capaces de llevar adelante una historia combinada, spielbergianamente, por un ultramundo que desafía no solo el argumento de la narración sino la comprensión de la historia, la siempre útil (desde lo emocional) separación y posterior reencuentro de la familia, y el suspenso transversal durante el desarrollo de la serie.

Fueron ellos y el acompañamiento de David Harbour (Chief Hopper) y Winona Ryder (Joyce), los que hicieron un “clic” en los espectadores y generaron un efecto Silvestre (actores) y Piolín (el guión, la historia): los dos funcionan y son lo que son gracias a la simbiosis con el otro.

De ahí que en Stranger Things 2, seducidos por el subidón de la precuela, los hermanos Duffer (directores y escritores de la serie) decidieran crear una historia en donde todos sus actores tengan relevancia y protagonismo. Y eso funciona a veces, y otras no.

En ST2 los personajes se independizan y se llenan los 9 episodios con múltiples minihistorias en la que cada actor tiene un rol principal. Es verdad que cuando éstas se intercalan el criterio parece ser arbitrario, pero debemos admitir que hay cierta emoción en una serie cuando pasan 10 cosas a la vez, así alguna de ellas sea mala.

Dustin tiene su minihistoria con el demadog que encuentra en el basurero de su casa. Lucas y Max -esta última un nuevo personaje en la temporada- crean su propia línea de romance, matizada por intervenciones de Dustin. Will, pobre, sufrirá la posesión del monstruo del ultramundo y su posterior exorcismo acompañado por Joyce, su madre, quien, por otro lado, tiene otra minihistoria de romance con Bob -otro nuevo rostro en de la segunda temporada-.

Steve, quien inicia la temporada como novio de Nancy, se convertirá en el “niñero” del grupo de chicos durante su invasión al interior de Upside Down.

De esta forma, permite que Nancy y Jonathan tengan su propia minihistoria. Una, por cierto, que tranquilamente puede ganar el premio a la peor de toda en la serie. ¿Cuál es la motivación para redimir la muerte de su amiga Barb? ¿Cuál es el fin pragmático dentro de la construcción de la historia? La cercanía con Barb no es explicada ni mostrada, sino asumida. Y eso desinfla el argumento. Tras la primera temporada, Barb se convirtió en un hot topic en Internet debido al poco seguimiento (o interés) que le dieron los directores cuando ella parecía, al igual que Will, también ser secuestrada por la dimensión paralela de Upside Down. Es por eso que esta aparición del fantasma de Barb en ST2 pareciera ser más una respuesta a las críticas online que un viaje orgánico del personaje.

Otra decepción de esta segunda entrega es la poca participación de Mike, quien después de Stranger Things 1 parecía ser el llamado a convertirse en uno de los protagonistas sobresalientes de la secuela. Más aún después de su brillante actuación en la película It. Pero no. Esta vez Mike está ahí para servir de enlace emocional y psíquico con Eleven y poco más.

El emparejamiento entre Eleven y Hopper, por otro lado, nos brinda varios momentos que quedarán en la mente de los fans: cercanía, cuando el rol de Hopper se parece más al de padre que al de guardián; tensión, cuando se pelean a la luz de la frustración de Eleven que pasa casi un año sin salir de su “safe house”; decepción, cuando Hopper incumple -involuntariamente- con su palabra y no llega a la cena prometida; acción, cuando son los dos personajes que se enfrentan en el último capítulo al gran monstruo de la temporada… Podríamos seguir, pero se entiende la idea.

Sobre esta minihistoria en particular, hay que resaltar la actuación de Millie Bobby Brown, quien parece transformarse en la cara visible de la franquicia de Stranger Things. No solo porque el personaje de Eleven así lo demande, sino porque su actuación le ha servido para ganarse a pulso ese lugar. No es casualidad que ella sea la única a la que los hermanos Duffer le hayan dado un episodio “stand alone”. Es decir, un capítulo entero (cuando visita a su hermana de laboratorio) para que se lo ponga sobre sus hombros y lo saque adelante ella sola.

Es verdad que la historia de su hermana de laboratorio y el pretexto para visitarla es otro de los puntos bajos de la serie (¿qué tiene que ver, o hacer, Eight con la trama de Stranger Things?), pero si ha servido para algo ha sido para la graduación de Bobby Brown como actriz.

Así, el show es muy bueno en el mapeo macro, pero no tanto en los micro trazados.

Los ojos más críticos apuntarán varios otros errores de la serie (que los tiene). Pero no es menos cierto que todos estaremos frente a las pantallas cuando el primer episodio de la tercera temporada se estrene.

Raitings de Stranger Things

Nielsen, empresa independiente de medición de audiencias, hizo públicos los resultados después del estreno de la segunda temporada de Stranger Things. Como se preveía, la serie califica como un hit.

El primer episodio fue visto por 15,8 millones de personas en los primeros tres días tras el estreno. ¿Con qué lo comparo? 17,8 millones de personas vieron el estreno de la última temporada de ‘The Walking Dead’, que es considerada el último hit de la TV por cable en Estados Unidos; la última temporada de ‘Game of Thrones’ tuvo una audiencia de 14,8 millones de personas en los primeros tres días tras su estreno en HBO.

Hay que señalar que los datos entregados por Nielsen computan solo la audiencia de EEUU. Pero Netflix, actualmente, tiene más suscriptores internacionales (52,7 millones)  que estadounidenses (51,3 millones).

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