Política

El regreso de Correa a Ecuador y las posibilidades que deja abiertas

Por Paola López

Del enfrentamiento que protagonizaron en el aeropuerto José Joaquín de Olmedo de la ciudad de Guayaquil, donde simpatizantes y opositores se concentraron para esperar el retorno del expresidente Rafael Correa, solo quedó el cascarón de un huevo roto en el suelo de la terminal aérea.

“Correa, amigo, el pueblo está contigo”, coreaban de un lado.

Del otro gritaban: “Correa delincuente”.

En medio de las tensiones, cada bando daba sus razones para estar en el  aeropuerto. En el ala correísta, las palabras ‘traición’ y ‘pasado’ salían de los labios con facilidad. Mientras que entre los opositores, la corrupción era el tema principal.

“Estoy aquí para demostrarle a Correa que Ecuador lo odia por delincuente, porque dejó vacías las arcas de Ecuador”, dijo una mujer que soltó esa frase y se alejó sin identificarse.

A otro hombre al que no le parecía “adecuado” decir su nombre porque estaba “en representación del Ecuador”,  los casos de corrupción en los que se han visto envueltos exfuncionarios del correísmo lo llevaron a la medianoche del sábado hasta la terminal aérea para protestar contra el expresidente. “Diez años de corrupción no aguanta más un país. No pertenezco a ninguna agrupación política, estoy aquí por mi Ecuador. No me importa que (Correa) llegue, yo vengo a decir basta de corrupción, estamos cansados”, señaló.

Unos cuantos pasos lejos de ese bando, Lucía Peña contaba los minutos para poder ver a Correa. Él “viene a sacar a los traidores, nosotros les dimos el voto y ellos nos traicionaron”, comentó la comerciante en referencia al gobierno de Lenín Moreno, al que su antecesor acusa de alinearse con la derecha.

Greta Guerrero, una abogada, lanzaba sus reclamos contra el presidente. “No siguió el plan de gobierno, se unió a la gente que en otros tiempos nos hizo pasar malos momentos en lo político, social y económico”, opinó.

Ninguno de ellos pudo ver al exmandatario que con su visita deja abiertas varias opciones que podrían empezar a definirse luego de la convención nacional de Alianza País (AP), convocada por los correístas para el próximo 3 de diciembre.

La visita del exmandatario al país, más allá de los afectos y desafectos que se tejen sobre su figura, funciona como un termómetro para medir, sobre todo, su capacidad de convocatoria y su control del partido oficialista.

“Mi presencia en concreto obedece sobre todo a la séptima convención de Alianza País, porque también se han querido tomar Alianza País”, declaró Correa a la prensa haciendo referencia a la disputa entre correístas y morenistas, que se agravó con la destitución de Moreno de la presidencia del partido.

La medida tomada por la directiva de AP conformada por Ricardo Patiño y Gabriela Rivadeneira, que luego fueron sancionados por el comité de ética y reemplazados en una reunión convocada por Moreno, llevó al movimiento oficialista a una crisis que el ala correísta pretende solucionar con la llegada de su líder.

Sin embargo, el expresidente ha dicho que el panorama para el partido y para sí mismo se aclarará luego de la convención que se realizará en Esmeraldas, en la que “si tenemos mayoría” –ha expresado Correa- expulsarán a Moreno del partido.

Caso contrario “los que nos tendremos que ir seremos nosotros”, declaró Correa a la prensa tras su llegada a Guayaquil. La posibilidad de un nuevo partido queda abierta.

La situación de un partido dividido en el que un bando desconoce y deslegitima las decisiones tomadas por el otro podría verse resuelta por un tercero antes de la convención del próximo domingo. El Tribunal Contencioso Electoral (TCE) convocó para esta semana una audiencia para tratar el conflicto interno de AP, que se disparó cuando un Tribunal de Garantías Penales falló a favor de Moreno y lo reafirmó como presidente del partido. El ala correísta desconoció la decisión alegando que este tribunal no tenía las competencias para resolver el tema.

Aunque la posibilidad de crear un nuevo movimiento queda latente, Correa confió en que podrá mantener AP y el capital político que representa. “Nosotros creemos que vamos a ganar esa convención y vamos a mantener Alianza País”, dijo.

La decisión que tome la Corte Constitucional acerca de las preguntas de la consulta popular planteadas por el presidente Morreno es el otro factor que definirá el camino que tomen Correa y su bando. De esa resolución depende que esa facción de AP busque el llamado a una asamblea constituyente. Pensando en ese escenario, la visita de Correa funciona como un termómetro de popularidad en el que la temperatura ha caído, sobre todo, entre la clase media urbana.

En caso de que preguntas como la eliminación de la reelección indefinida y el reemplazo del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social llegaran a aprobarse –ambas son las más criticadas por Correa- el expresidente ha manifestado que impulsará una constituyente y será candidato. “Si yo soy la mayor garantía de victoria para evitar que saqueen nuevamente la patria, que nos vuelvan al pasado, ahí estaremos. No eludiremos responsabilidad”, apuntó tras su llegada.

Acostumbrado a tener tras de sí un aparataje estatal y gubernamental para respaldarlo, de darse una constituyente, Correa estaría en el papel de un opositor, una figura que pondrá a prueba su capacidad de movilización y convocatoria, y sus habilidades políticas en un contexto en el que su gestión se ha visto empañada por casos de corrupción y el desgaste de 10 años en el poder.

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