IdentidadesLo urbano

Falco, el artista al que le quedó chica la galería

Por Gabriela Soledad Basante*, fotografía de Silvia Echeverría

Fernando Falconí es un artista ecuatoriano que ha sido invitado a exponer en Colombia, Chile, Argentina, México, España, Italia y USA.

Tiene un Máster en Arte y Nuevas Tecnologías en la Universidad Europea de Madrid y fue coordinador de la Carrera de Artes Contemporáneas de la Universidad San Francisco de Quito, en donde es docente a la fecha.

Su formación es vasta y su experiencia aún más. Ha estado en bienales, ha propuesto ponencias y dirigido decenas de proyectos artísticos. Pero sobre todo esto, Falco es creativo, atento y sensitivo. Falco es gente.

“No me interesó quedarme en la galería o en el museo, necesitaba arte en la ciudad, para la ciudad y con la ciudad. Arte en el espacio público” señala.

Es así, que el aula le quedó chica y saltó a la calle. El canvas tampoco fue suficiente, Falco se expresa afuera, en la esfera pública y la coyuntura social.  Me cuenta cómo una vez tomó una bandera indígena y la destejió para sumergirla en petróleo. Lo hizo en el parque principal de Cuenca e invitó a la policía, más que para custodiarlo para ser parte del performance. Esto, en memoria de grupos que fueron maltratados por las compañías petroleras o por la misma policía. “Es la puesta en escena de un criterio, que pueda generar algún tipo de emoción, de reflexión”.

Falco critica duramente la extracción de petróleo en el Oriente. Tanto, que se acercó a Shushufindi para investigar el funcionamiento de estas empresas y decidió cruzar una piscina de crudo en una quilla, una canoa napo runa. “El arte es una herramienta de toma de posición política, de crítica. Me alineo y me comprometo con ciertas causas sociales: equidad de género, ecología, derechos humanos.”

“Es importante no quedarse callado o impávido”, afirma. “El cuerpo grita y grita en la calle. Grita sobre los abusos, las injusticias, los excesos. El performance es un grito individual y social.”

Recuerda también el proyecto “Nuestra Patrona de la Cantera” en el cual creó con 18 trabajadoras sexuales la representación de una deidad cercana a ellas. Su propia virgen. Esta obra es actualmente parte del renovado Museo Nacional, donde va a estar en diálogo con otras imágenes de santos.

En otra ocasión, Falco trabajó con vecinos de Chimbacalle formando un museo vivo barrial. “Les pedí que cada uno exponga un objeto que sea el más bueno, bello o verdadero que tengan. Yo quería trastocar canones y principios occidentales artísticos y estéticos.” 20 casas exhibieron sus objetos personales y contaron sus historias.  Fue una “curaduría compartida”, dice. “Me interesaban esos objetos que son representativos más allá de su valor económico. Un señor, por ejemplo, escogió unas pantuflas que fueron el primer regalo que su esposa le hizo cuando eran recién casados.”

Fernando defiende el trabajo con el otro: “El arte es una herramienta de cambio y transformación social. Es una herramienta para conocernos y acercarnos.”

Con una sonrisa me cuenta que es co fundador y por algunos año coordinador general de Cuarto Aparte, una plataforma autónoma alterna a la bienal de Cuenca que promueve exposiciones, mesas de diálogo, residencias artísticas. Todo esto sustentado con capitales alternativos, es decir con cooperación en red. “Economías no basadas en lo monetario: las confianzas y los afectos”. Me pregunto cómo se sustenta un proyecto internacional durante 10 años con poco capital y el me responde convencido: “Capitalizamos lo humano. El medio cultural es un ecosistema en el que todos dependemos de todos. No nos llamamos independientes sino autónomos, porque sí dependemos de todos los que quieran participar de nuestra convocatoria.”

A ratos hace a un lado su posición de artista contemporáneo y me cuenta que a veces ya no le importa si algunos de sus performances son realmente arte. “Importa la efectividad, potencia y compromiso de tu gesto en el contexto social.”

Falco una vez puso una alfombra blanca con la palabra Democracia en la entrada del Tribunal Electoral en plena época de elecciones y con mil rumores de fraude. En otra ocasión publicó cuentos de Pablo Palacio y Cesar Dávila Andrade, redactados a manera de crónica roja en el diario más amarillista de este país.

“Tu arte es efímero”, le digo. Falco responde brillantemente: “La vida no es sólo de lienzo o de piedra, sino que esencialmente es de vivencias, acciones, emociones, relaciones… más allá de los registros. Ahí está la vida intangible, inmaterial e insondable del arte, de la poesía. Todo arte es efímero desde su materialidad, incluso la Mona Lisa se ira desgastando hasta desaparecer. Por más climatizada, cuidada y restaurada que esté una obra se va a acabar. Por mucho que se prolongue su tiempo de vida, nada es para siempre. Nada dura, nada está completado y nada es perfecto. Ni tampoco tiene, tenemos que ser o estar en tales condiciones.”

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*Master en patrimonio cultural por la Universidad de Sheffield. Abogada y comunicadora, actualmente trabaja como productora en el Teatro Sucre. Ha publicado textos en Ecuador, España, Italia y Portugal.
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