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La actriz porno que se convirtió en activista

Por Pablo Torres /  Fotografías de Amarna Miller

Amarna Miller tiene 27 años. Es de Madrid, España, pero hace dos años vive en Los Ángeles, Estados Unidos.

Es activista del feminismo prosex y de la pornografía ética. También es escritora y hace dos años publicó su primer libro llamado Manual de Psiconáutica. En el 2018 publicará su siguiente libro. Colabora con las revistas españolas Vice Magazine y Primera Línea.

Se considera a sí misma como un ser multiforme, un alma libre y una ciudadana del mundo. Se ha dedicado durante ocho años a la pornografía, tanto en Europa, Australia y Estados Unidos. Es una aventurera nata. Su mayor meta existencial es estar fuera de la zona de confort y para lograrlo, dice ella, utiliza las redes sociales.

Tiene un canal de YouTube en donde sube videos sobre sostenibilidad, ecología y cómo mejorar nuestra forma de vida. Trata de inspirar a sus seguidores para dar un cambio en su estilo de vida y que logren una existencia más feliz.

¿Por qué escogiste ser actriz porno?

He estado trabajando en la pornografia durante ocho años, empecé a los 19. Ahora el porno no es mi prioridad, pero si me proponen algo en que esté interesada, lo haré.

Lo escogí, sobre todo, porque me parecía una opción vital, una opción que a nivel profesional me diera las cosas que necesitaba en aquel momento y durante muchos años.

He obtenido la libertad para viajar alrededor del mundo, tener una independencia económica y gestionar mis proyectos a nivel laboral.

El porno fue una época de autodescubrimiento y de romper con lo establecido de una forma empoderada. Desde que somos pequeñas, a las mujeres se nos enseña que no podemos ser sujetos sexuales, que solo podemos ser objetos sexuales y que no podemos disfrutar de nuestra sexualidad de forma plena.

Durante cientos de años, a la mujer se le ha dicho de qué manera tiene que amar, establecer sus relaciones personales, de qué manera tiene que desear a los otros. Para mí, pertenecer a la pornografía era romper el paradigma y decir: “yo hago lo que quiero con mi cuerpo y lo que tú me has dicho que no puedo disfrutar de mi sexualidad plenamente voy a hacerlo y además lo voy a grabar”. Así por una parte, era un acto de rebeldía, una forma de empoderamiento y también, desde luego, a nivel más práctico, me ha dado las cosas que podía obtener de un trabajo.

¿Cómo decides en qué proyectos trabajar?

Sigo la máxima de hacer aquello que me hace feliz, entonces rechazo los trabajos que no concuerdan con mis ideales o con las cosas que quiero promover y acepto aquellos que coinciden con las cosas que estoy de acuerdo. Desde luego, hay excepciones como en cualquier trabajo y a veces tengo que hacer cosas que no me apetecen, y muchas veces trabajo en cosas que me encantan, pero intento regirme por estos límites: rechazo las cosas que no me interesan, acepto las que me gustan.

¿Has tenido malas experiencias laborales?

Por supuesto, como todo el mundo, a veces tienes buenas experiencias y a veces malas. La pornografía es como cualquier negocio, a veces tienes días buenos, a veces tienes días malos.

¿Cómo se conjuga tu profesión con tu activismo?

Yo me siento muy identificada con la rama del feminismo prosex, que piensa que la libertad sexual es un terreno que las mujeres tenemos que reconquistar, porque a nivel social se nos impone que tenemos que cumplir un rol con el que muchas no nos sentimos identificadas.

El hombre promiscuo sigue siendo considerado un casanova, un macho alfa, alguien exitoso a nivel social, mientras la mujer promiscua, que tiene diferentes compañeros y compañeras sexuales, sigue considerándose de una forma peyorativa, es como material de segunda mano, material usado.

Estas cosas me las han dicho personalmente.

Entonces como una persona muy liberada a nivel sexual y que además se siente muy a gusto con su cuerpo, con su sexualidad y con mostrarlo públicamente, me parece que una gran parte de mi discurso tenía que ir por esa zona.

Reconquistar la sexualidad femenina es algo que todavía necesitamos dentro de la sociedad contemporánea.

Yo llevo una vida poco convencional: cuando estoy en Estados Unidos vivo en una furgoneta, prácticamente con ninguna posesión, con lo mínimo, e intento llevar un estilo de vida minimalista, porque me parece que vivimos en una sociedad que nos incita a que el consumismo nos va a dar la felicidad, pero yo soy mucho más feliz y me siento mucho más contenta con mi existencia cuando estoy con lo mínimo, cuando realmente tengo que gestionarme mi día a día sin tener ningún tipo de lujo.

Además, tengo un discurso muy grande por la ecología y por la sostenibilidad, porque vivimos en un planeta que estamos destrozando y hace falta que nos demos cuenta de qué manera podemos resolver estas cosas. Somos la última generación que realmente puede hacer algo para hacer frente al cambio climático, veo que es nuestra tarea el ponernos en ello. Como personaje público, entiendo que puedo dar voz a todas estas ideas a través de mis redes sociales porque se me escucha.

Siempre me he considerado un poco inconformista, me gusta deconstruir las cosas que me las han dado desde que soy pequeña, me gusta deconstruir las cosas que he dado por supuesto por el contexto en el que me he criado y ver si realmente concuerdan con lo que yo realmente quiero ser como individuo.

¿Qué es para ti el feminismo?

Es un movimiento heterogéneo, existen muchos feminismos y su función es la de acabar con el patriarcado, es decir, acabar con la idea de que la figura masculina tiene un rol de autoridad por encima de la mujer y esto se da en muchos ámbitos, en el social, político, económico, etc. Es deconstruir la forma en la que hemos sido educados y ver de qué manera llegar a una sociedad que sea más diversa, más plural y más equitativa.

¿Cómo llevas tu relación de pareja con tu profesión?

No hay que llevar nada, porque llevar implica un sentimiento de carga. No hay que utilizar esa palabra porque implica un peso. Cada uno es como es, es decir, si yo fuese panadera y a mi pareja no le gusta que yo sea panadera, pues probablemente no podríamos ser pareja, y esto se aplica a cualquier ámbito de la vida. Tenemos que encontrar personas con las cuales cuadremos a nivel ideológico o sino tendremos problemas en el futuro.

¿Qué es el activismo prosexual?

Es la idea de que el terreno sexual es todavía un espacio a reconquistar por las mujeres. Ya va siendo hora de que nos empoderemos, de que empecemos a dar pasos hacia adelante para postular la idea de que el sexo es un terreno maravilloso que pueden disfrutar de la misma manera tanto mujeres como hombres.

¿Practicas alguna religión?

No, soy atea.

¿Qué opinas de…?
La familia debe ser entre hombre y mujer

Primero tendríamos que establecer exactamente qué significa hombre y mujer, porque hay identidad de género y sexo dado en el nacimiento, así que existe un debate que va más allá de que la familia sea entre hombre y mujer. Habría primero que replantearnos por qué, a nivel social, pensamos que los hombres tienen pene y las mujeres vagina. No pienso en el género como una cuestión binaria, porque no existen únicamente hombres y mujeres en el mundo, también existen unas identidades que no están comprendidas dentro de estos dos binomios. Así que la familia debe ser entre personas, establecer etiquetas no nos lleva a ningún sitio más que a la represión y a la censura.

La mujer debe estar en la cocina…

La mujer debe estar donde quiera estar, si quiere estar en la cocina, pues genial, y si no quiere estar en la cocina pues también tiene que estar permitido.

El hombre debe ser el proveedor…

El hombre tiene que ser lo que quiera ser. Pero igual, primero hay que preguntarse qué es ser mujer y qué es ser hombre. Son conceptos que están muy enraizados en otro siglo.

Las parejas LGBTI no deben adoptar niños…

Las parejas que no se encuentran dentro de la idea heterosexual tienen derecho a hacer todo lo que el resto de personas hace.

El sexo debe practicarse a escondidas…

El sexo debe practicarse como tú quieras, estamos hablando de libertades personales y lo que hay que hacer es deconstruir las ideas propias sobre lo que te han contado a nivel social y ver si concuerda o no con lo que quieres hacer. Si eres mujer y quieres cocinar, entonces adelante con ello; si eres hombre y quieres cocinar, adelante con ello; si eres mujer y quieres ser albañil, pues hazlo; y, si eres hombre y quieres llevar falda, hazlo. Habrá una presión social desde luego, pero así rompemos los paradigmas y los arquetipos, luchando contra ellos. No hay que enraizarse en ideas preconcebidas.

 

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