Política

La “cámara oculta de Correa”, el error de Moreno

Por Sharvelt Kattán

El primer semestre de gobierno de Moreno se ha caracterizado por su distanciamiento, abrupto, con Correa. Y empezó, cuando en septiembre, el primer mandatario hizo pública la acusación de que una cámara oculta monitoreaba la oficina del presidente en Carondelet. Según Moreno, se trataba de un dispositivo que transmitía día y noche de manera remota a un dispositivo móvil del expresidente. Esa fue la información que dio a conocer el primer mandatario en septiembre.

Al principio, Moreno explicó que fue el Servicio de Protección Presidencial (SPP) el que detectó la cámara en el despacho del palacio de gobierno. Asimismo, dijo que, según la información obtenida, la misma habría sido instalada hace siete u ocho años por pedido de Rafael Correa.

Aprovechó, además, para mostrar su molestia hacia los agentes de seguridad del exmandatario, pues explicó que nunca se informó de la instalación del dispositivo cuando estos fueron reemplazados por los agentes que hoy dan seguridad al presidente (aún cuando se dice que hasta el personal administrativo conocía de esta cámara).

Más tarde, sin nombrar directamente a Correa, arremetió contra él en su cuenta de Twitter, al definir el término “fisgón” como un aficionado a husmear la vida de los demás, en alusión directa a él. Correa no tardó en responder por ese mismo medio al llamar “ridículo” a Moreno y emplazarlo a renunciar si no probaba sus aseveraciones.

De todas formas, el caso pasó a manos de la Fiscalía que inició una investigación luego de las denuncias de Moreno. El dictamen perjudicó a Moreno más que a Correa: la cámara no estaba instalada a ningún dispositivo electrónico remoto.

Los resultados de la pericia fiscal, aunque poco divulgados, dejaron en claro que la rivalidad entre Moreno y Correa fue más allá de lo ideológico y empezó a entrar en lo personal, con las viejas mañas de la política nacional, de deslegitimar al opositor a como dé lugar.

Por otro lado, la Fiscalía explica que el expediente sigue abierto, y la búsqueda de un culpable, por parte de la opinión pública, apuntó hacia ciertos actores, entre ellos los servicios de inteligencia del país. Porque para muchos es sorprendente que la Secretaría de Inteligencia (SIN) hubiera desconocido u omitido la existencia de una cámara en la oficina de la máxima autoridad del país.

La verdad es que el SPP, creado a través del Decreto Ejecutivo 418 en 2010, tiene responsabilidades específicas como la de: “Brindar seguridad a las instalaciones del Complejo Presidencial, residencias particulares y otras instalaciones donde se encuentre las autoridades (presidente, vicepresidente y secretario de la Administración Pública) señaladas en el literal anterior”.

Si bien la SIN es el ente rector del Sistema Nacional de Inteligencia, no tiene funciones de mando ni control directo en las tareas operativas asignadas a cada subsistema.

Esto implicaría que, o hubo desconocimiento o errores en la logística de los agentes actuales al verificar la oficina presidencial; o hubo una malintencionada omisión de parte de los miembros de seguridad de Correa… pero lo que sí es evidente, es el intento de deslegitimar al Sistema Nacional de Inteligencia y motivar un cambio de autoridades.

Cabe preguntarse ¿cómo es que nadie del SPP -antiguo o nuevo- notificó a Moreno sobre el asunto? La fecha de instalación referida por Moreno deja también muchas dudas. Porque, si en efecto fue hace siete u ocho años, levanta la sospecha de si Correa conocía o no su existencia; y si lo hacía, ¿para qué la mandó a instalar y por qué no lo informó?

La relatividad de los años podría ser otro problema. Si fue hace ocho años, la cámara se instaló antes de que existiera el Servicio de Protección Presidencial; pero si fue hace siete, el jefe de ese servicio debía estar al tanto de su existencia. Él y probablemente otras autoridades, como el entonces ministro Coordinador de Seguridad, Miguel Carvajal, quien suscribió también el decreto que creaba ese cuerpo de seguridad. Carvajal hoy es secretario de la Política del gobierno de Moreno, y uno de sus hombres de confianza.

Lo cierto es que, aunque es claro a qué entidad le competía directamente la seguridad del despacho presidencial en Carondelet, no deja de ser inquietante cómo todo el sistema de inteligencia se vio expuesto. Y aunque se trate de negligencia o mala fe, por la seguridad nacional, los errores deben enmendarse lo antes posible.

En cambio, las conclusiones de la Fiscalía sí son reveladoras. El primer mandatario se equivocó al culpar a Correa, pero es difícil determinar si el error fue voluntario o involuntario. Lo que sí ocurre es que tiene un apuro desmedido por deshacerse de Correa y está dispuesto a utilizar cualquier pretexto para desgastarlo ante la opinión pública. Eso, o adolece del mismo mal que Correa: primero tira la piedra, luego pregunta de quién era la ventana. Ahora, a Moreno no le queda más que echar tierra sobre el asunto.

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