Innovación y tecnología

La discapacidad, un nicho para la innovación tecnológica

Desde prótesis y dispositivos hasta realidad virtual: las innovaciones tecnológicas para mejorar la calidad de vida de personas con discapacidad no son solo un atractivo reto para potenciales usuarios e investigadores, sino también para inversores.

“Si trabajas con un grupo olvidado históricamente tienes la ventaja de que puedes innovar mucho y también se te abren muchas puertas. De ahí depende de cómo te muevas para poder lograr objetivos”, cuenta Fabricio Reyes, uno de los cuatro creadores del dispositivo HandEyes que facilita la movilidad de las personas con discapacidad visual.

Reyes junto a Diego Aguinsaca, Álex Aldaz y Carlos Canacuan ha trabajado durante tres años en el diseño y perfeccionamiento de esta herramienta, que se hizo famosa a escala mundial cuando en 2016 ganó el concurso “Una idea para cambiar la historia”, organizado por The History Channel.

Para Reyes, al trabajar con grupos de atención prioritaria “puedes conseguir impacto social. En ese caso tienes que enfocarte en que estás cambiando vidas y lo demás viene de la mano: acceso a concursos, capacitaciones”.

HandEyes, cuyo lanzamiento oficial está previsto para el próximo 2 de septiembre, saldrá a la venta con un costo de USD. 200 y un diseño discreto que permite llevarlo en las prendas de vestir. Esta herramienta se coloca en la solapa de una chaqueta o en el cuello de una camiseta y alerta al usuario cuando tiene un obstáculo frente a él.

En tres años, desde que la idea surgió en la Universidad de las Fuerzas Armadas ESPE –donde estudiaron los jóvenes innovadores- este dispositivo ha sufrido varios cambios hasta convertirse en una pequeña caja que se porta en la vestimenta.

“La primera idea era reemplazar el bastón. El prototipo era un circuito en un guante de lana; luego evolucionó a un guante plástico impreso en 3D”, recuerda Reyes, quien además fundó junto a sus compañeros una empresa dedicada a la innovación y a dar servicios tecnológicos, que les sirvió para sostener económicamente su investigación.

Conforme participaron en concursos nacionales e internacionales, ganaron experiencia y se alimentaron  de las sugerencias de otros innovadores. Entendieron, por ejemplo, que no era posible reemplazar el bastón que las personas con discapacidad visual usan a diario para guiarse.

“Evolucionamos a un dispositivo que puede colocarse en el bastón y luego a uno que puede ubicarse en cualquier parte de la vestimenta, recomendado a la altura del pecho para que (las personas no videntes) puedan proteger su cabeza y su pecho”, resalta Reyes.

El reto del financiamiento

Los proyectos para personas con discapacidad diseñados por Víctor Andaluz también nacieron en la ESPE, pero en su sede de Latacunga. En el centro andino de Ecuador, este ingeniero en electrónica y sistemas de control, junto a otros docentes y estudiantes, trabaja en el desarrollo de prototipos de órtesis, prótesis y sillas de ruedas.

Su trabajo aborda inclusive  la realidad virtual y la realidad aumentada como herramientas para ayudar a personas con algún tipo de discapacidad.

El financiamiento de su trabajo llega a través de fondos destinados a la investigación. Sin embargo, reconoce que para mejorar un prototipo es necesario más dinero. En el caso de HandEyes, la participación en concursos les dio el impulso económico para sacar adelante el dispositivo: en 2015 ganaron 50.000 dólares del Banco de Ideas, una propuesta estatal para galardonar la innovación, y en 2016 se llevaron 60.000 dólares tras vencer en el programa “Una idea para cambiar la historia”.

“Como laboratorio respondemos a nivel de publicaciones. Hay buenas ideas y prototipos, pero se quedan ahí porque para hacerlo comercial hay que invertir el doble de dinero para perfeccionarlos”, explica Andaluz, jefe del Laboratorio de Investigación de la ESPE, sede Latacunga.

En los centros de estudios el éxito, más allá de la comercialización de un producto, está en la publicación de artículos científicos y en la generación de posibles patentes. En 2016, Andaluz y su equipo lograron publicar 35 artículos técnicos en bases indexadas.

Sus investigaciones están orientadas a que las personas con discapacidad “tengan mayor libertad para hacer sus tareas. La idea principal de la robótica y la mecánica es que las personas tengan una mejor calidad de vida”, dice Andaluz, mientras explica sus proyectos.

Una de las iniciativas es crear prótesis  que contienen fluidos inteligentes que responden a señales emitidas por sensores. Estos líquidos, que pueden pasar en cuestión de segundos a un estado casi sólido, son usados para amortiguar el impacto entre la prótesis de pierna con el suelo, por ejemplo, según el tipo de movimiento que hace el usuario.

“Un sensor detecta la fuerza al pisar y manda (información) a la tarjeta de control para esta que aumente o disminuya el campo (magnético que controla al fluido) y hace que el amortiguamiento sea más suave o más duro, según la actividad que esté haciendo” el usuario, comenta Oscar Arteaga, un ingeniero mecánico.

Los dispositivos que se diseñan en Latacunga también están enfocados a resolver problemas de comunicación entre personas con discapacidad auditiva y oyentes. Una parte del grupo, la mayoría estudiantes de electrónica, mecatrónica y mecánica, diseñan un guante que transmite un mensaje enviado en lenguaje de señas a un computador y este a su vez lo convierte en un audio.

El guante parece bordado con un hilo de plata, pero en realidad es hilo conductor. Este permite pasar la información del gesto de la mano a la computadora y su ventaja es que es flexible para captar el movimiento.

La realidad virtual es un espacio donde estos investigadores hallaron potencial para ayudar a las personas con discapacidad o condiciones de salud que les dificultan interactuar. Ellos crearon entornos digitales para niños con autismo de un centro educativo en la ciudad de Ambato.

En estos ambientes virtuales los pequeños se convierten en un personaje de ficción. “Los especialistas (con los que probaron el juego) nos decían que ellos de alguna manera pueden entender qué es lo que piensa, qué es lo que quiere o cual es el problema de estos niños”, comenta Andaluz.

El experto agrega que los espacios digitales se pueden modificar y en los personajes pueden aparecer papá, mamá, vecinos o hermanos y así ayudar al niño a reconocer su entorno real.

Uno de los proyectos más ambiciosos de este laboratorio es la construcción de una silla de ruedas que funciona con comandos cerebrales. Los investigadores captan en frecuencia y amplitud con 14 electrodos las señales que se activan cuando una persona piensa en un movimiento determinado.

Esas señales se convierten en un algoritmo de control que domina a la silla. “Simplemente se genera la señal mentalmente y el robot comienza a actuar”, explica Andaluz sobre este proyecto que empezó en 2015.

Una silla de características similares, que se activa con señales gestuales o movimientos de ojos puede costar más de USD. 15 000. Traer un motor para este implemento cuesta cerca de USD. 4 000, explica este ingeniero, y a ello hay que aumentar otros costos.

Pero la necesidad es madre del ingenio para este equipo, que busca la solución al problema de los altos precios en la ingeniería inversa. Así lograron llegar a Japón con su iniciativa que todavía se mantiene como un prototipo.

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