OpiniónPolítica

La red de influencias de Alianza PAIS se desmorona

Por Sharvelt Kattán

No se trata solo de una defensa ideológica. Tampoco tiene que ver con un espíritu de cuerpo de Alianza PAIS. La protección extrema que ciertos asambleístas de ese movimiento han mostrado por Jorge Glas podría deberse a la necesidad de mantener el statu quo que hasta el momento ha existido en el país, luego de diez años de gobierno de Rafael Correa.

Lo que ocurre es que afianzados en el poder como han estado, algunos políticos aprovecharon para que las tenazas de sus influencias se expandieran hacia distintas entidades, de manera que su accionar político fuera imparable.

A eso se sumó el peso de ser representantes de un movimiento con tal poder, por lo que se generó la idea de que era factible mantener ese esquema durante años, captando todas las funciones y espacios de poder, ya sea a través de decisiones que venían desde el Ejecutivo, o ya sea porque algunos cargos los ocuparon personas de confianza de la gente del gobierno.

Y aunque el asunto no parezca tener nada de controversial ni esa práctica sea nueva, la férrea forma en la que fue montada esa plataforma de alianzas interinstitucionales se empezó a resquebrajar. Los primeros golpeados fueron Glas y Aguiñaga.

Cuando el escándalo de la Celec estalló, mucho se habló de si las denuncias del vicepresidente y la asambleísta se fundamentaban en la defensa del proyecto político o si solo eran respuestas a la pérdida de aliados que los dos mantenían dentro de la entidad. Al final, la gente de Glas y el hermano de Aguiñaga fueron cesados de sus cargos, pero el problema empezó a extendérseles a otras instituciones.

Ahora, con la caída de Glas, el entramado que la gente de Alianza PAIS ha montado a lo largo de estos años, corre riesgo, y eso podría acarrear problemas futuros para algunos de los representantes del movimiento.

Aguiñaga, por ejemplo, quien fue cuestionada por el excontralor Pólit, por el caso de la compra de terrenos sobrepreciados para la construcción del parque Samanes, ahora enfrenta una glosa formal por parte de la Contraloría General del Estado.

El asunto es que, si la red de influencias y aliados se desbarata, casos similares al de esa asambleísta podrían empezar a brotar por todos lados. Y el problema se complejiza cuando se indaga hasta dónde llegaba el brazo de algunos.

La asambleísta Doris Soliz aparece en esta lista. Se trata de una de las figuras más fuertes del actual ala “correísta” de AP y una de las más influyentes en la política nacional. La legisladora trabajó como ministra en varias carteras durante el gobierno de Correa y fue secretaria ejecutiva del movimiento oficialista.

Junto a su nombre aparecen el de Yolanda Gonzáles y Tito Astudillo, ambos asesores directos de Soliz durante su paso por funciones gubernamentales. Ahora son miembros del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social. Por tanto, es de prever que la legisladora tenga mucha incidencia en el accionar de esa función pública.

Y, sin embargo, esa situación podría venirse abajo si la Consulta Popular aprueba la remoción de los actuales funcionarios de esa entidad.

No es el único caso. Augusto Espinosa, actual presidente de la Comisión de Educación, Cultura y Ciencia, pasó también por varias entidades públicas durante la administración anterior, hasta ser titular de dos carteras, la de Educación y la de Talento Humano. Hoy es uno de los grandes defensores del vicepresidente Glas.

Sin embargo, el asambleísta también tiene gente de influencia en cargos públicos. Sus tíos, Hugo de Jesús y Fernando Jácome, ocupan importantes cargos en el gobierno actual. El primero es el superintendente de Economía Popular y Solidaria, y el segundo, secretario general de Relacionamiento del Sistema Productivo del Ministerio de Agricultura y Ganadería.

El entramado se vuelve más complejo conforme se indaga en las nóminas de entidades públicas. Varios familiares de Soledad Buendía, vocal primera del Consejo Administrativo Legislativo (CAL), ocupan puestos públicos.

Su madre, Virginia Heroíza, lo hizo hasta el año pasado en el Consejo Nacional Electoral, como especialista, pero su hermana y su hija aún laboran en entidades del Estado. La Fiscalía y la Judicatura, concretamente.

Lorena Larrea Buendía, hija de la asambleísta, ocupa el cargo de asesora en la Fiscalía General del Estado, en tanto que la hermana de la legisladora es ayudante judicial en el Consejo de la Judicatura.

A eso habría que sumar que el esposo de Buendía, Edwin Jarrín, es vicepresidente del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, por lo que podría pensarse que el nivel de influencia de la asambleísta se extienda a esa entidad.

Con Gabriela Rivadeneira el caso es similar. La expresidenta de la Asamblea Nacional y actual legisladora y secretaria Ejecutiva de Alianza PAIS ha tenido más de un familiar ocupando cargos públicos. Por ejemplo, su tío, Gorki Vladimir Burbano, trabajó hasta septiembre de este año en la Secretaría Nacional de Gestión Política como asistente de la Dirección de enlace y diálogo político.

La madre de Rivadeneira, en cambio, trabaja como técnica de protección integral del Consejo Nacional para la Igualdad Intergeneracional, y su hermano en el Servicio Integrado de Seguridad ECU 911.

Los problemas con el presidente Moreno, las rupturas internas de Alianza PAIS y la caída de uno de los principales aliados de esos asambleístas, Jorge Glas, pone en peligro todo el entramado y, de continuar con la situación actual, incluso podría significar un riesgo para la imagen y la carrera de algunos miembros del movimiento Alianza PAIS.

Pero esos no son los únicos defensores de Glas. La lista se extiende a otros políticos, como los asambleístas Marcela Holguín, Franklin Samaniego, Juan Lloret, Hermuy Calle, Carmen Rivadeneira, Bairon Valle, Wendy Vera, José Chalá, Verónica Arias, Lilian Durán, Priscila Alvarado, Lira Villalva, Carlos Viteri, Mauricio Proaño, Sofía Espín, Juan Cárdenas, Esther Cuesta y Esteban Melo.

Muchos de ellos también han extendido su brazo de influencias a entidades públicas, donde familiares o contactos cercanos laboran como funcionarios públicos.

Está claro que la caída del hombre más importante del correísmo dentro del gobierno significa que el poder de esos políticos corre graves riesgos y, por tanto, su dominio sobre la designación de cargos públicos. Y quizá sea eso lo que más une a esos políticos con Glas.

La facilidad de ejercer presión sobre otras instituciones o autoridades ya no es posible para ellos, y los vacíos laborales que eso pueda generar traerían consigo, para más de uno, problemas más serios, quizá similares a los del vicepresidente y Aguiñaga.

Por ahora, la máquina de influencias se detuvo y en varios tramos ha empezado a desmontarse, por lo que podría ser cuestión de tiempo que los costos políticos de aquello empiecen a aparecer.

Comparte:

Deja un comentario

Tu correo no será publicado. Los campos obligatorios están marcados con *