Salud y ambiente

Marihuana, más allá del estigma

Todas las personas tienen al menos un sistema cannabinoide, producido naturalmente por el cuerpo humano. El más importante se llama Anandamida que, traducido del sánscrito, significa alegría. Este sistema es la razón por la cual los efectos de la marihuana, que también los contiene, son tan efectivos en el cuerpo humano, porque se complementan y permiten que los beneficios psicoactivos y medicinales sean asimilados casi en su totalidad.

Esta planta contiene miles de cannabinoides que son sustancias que actúan sobre el sistema nervioso central, el sistema periférico, el sistema inmunológico y, de forma particular, en los sistemas endocannabinoides de las personas. Los más conocidos son el THC, CBG, CBN. Y aunque también los tienen otras plantas como el diente de león o el romero, en la marihuana están presentes en mayor variedad y cantidad.

Existen escritos de civilizaciones antiguas, como la china o la egipcia, que dan cuenta de que la planta se utilizaba en el campo medicinal como para el parto, para el dolor, para la artritis. En esas épocas, primero experimentaban con la planta completa para identificar en qué tipo de tratamiento podía ser útil. Sin embargo, como muchos de esos legados ancestrales, dejó de utilizarse. La pregunta es ¿por qué?

La Caja Negra dialogó con cuatro miembros del colectivo Ananda, una agrupación que ve en la marihuana lo que realmente es: una planta que, bien utilizada, ayuda a tratar enfermedades o patologías como fibromialgia, epilepsia, cáncer, autismo, artritis reumatoide, depresión…, por mencionar algunas.

Desde hace varios años, ellos se dedican a desmitificar el concepto social que se tiene respecto al cannabis y a elaborar, de manera artesanal, pomadas, aceites o jabones con extractos del mismo. Su finalidad es mejorar la calidad de vida de personas con enfermedades muy avanzadas.

Desde su investigación y su experiencia, comentan los motivos que influyen para que la marihuana haya sido “satanizada”. La principal causa es la desinformación. Así lo explica Luis: “una de las cosas que más se escuchan cuando se conversa sobre el cannabis es -´¿no es un polvito?´-. Si empezamos por ahí, ya nos damos cuenta de que muchísima gente no sabe en realidad que el cannabis, que la marihuana, es una planta”.

Gabriel, médico de profesión, agrega otro de los motivos: “se dice que la marihuana crea dependencia y por eso se la ve como una droga, en el mal sentido. Pero debemos ser claros, dependencia causan los fármacos procesados. Cuando una persona padece de algún dolor, toma una pastilla y la toma y la toma hasta que pasa. Luego, el dolor vuelve y la pastilla también. ¿Eso no es dependencia?”.

Mary anota otro punto: el negocio. “Los fármacos tienen todo un proceso de laboratorio costoso. El mismo aceite de cannabis que se importa desde Estados Unidos, que es elaborado por compañías, cuesta 60 dólares, cuando es algo que cada uno puede hacer si tuviera la oportunidad de cultivar su planta en su balcón o en su huertita, como si fuera manzanilla. Pero eso no es bueno para el mercado”.

Paulina, socióloga y botánica médica, apunta que la lógica de las farmacéuticas influye mucho en la concepción que tenemos de medicina y de plantas como la marihuana porque resulta lucrativo aislar sus componentes para elaborar medicamentos. “Esa lógica está basada en la investigación científica de Occidente, porque en Oriente siempre se trabaja en lo energético y se empieza respetando a la planta. En los laboratorios se aísla alguna molécula y eso es lo que causa efectos secundarios. A diferencia de la medicina ancestral, que la utiliza completa, porque en toda su estructura, la planta se regula a sí misma y evita esos efectos”.

Para entender mejor el contexto actual, debemos remitirnos a la historia. La ilegalización del uso de marihuana se remonta a principios del siglo XX, con la prohibición en algunos estados de Estados Unidos. Esto ocurrió entre 1906 y 1927. Sin embargo, se la declara ilegal en la década de 1930, cuando se crea la Oficina Federal de Narcóticos (FBN-siglas en inglés), que quedó al mando de Harry J. Anslinger, quien consiguió la ayuda de un emporio mediático, de propiedad de William Randolf Hears, por intereses económicos. A ellos se unieron industrias farmacéuticas y tabacaleras.

Este panorama se prestó para que Anslinger presente un proyecto de ley al Congreso de ese país, que consistía en declarar la ilegalidad del uso de marihuana, basado en recortes de periódicos, pertenecientes a su aliado, y no en evidencia científica.

Pese a que la Asociación Médica Estadounidense demostró con investigaciones lo benéfica que podía ser esta planta, la ley se aprobó y la FBN se convirtió en la única autoridad competente para dar paso a cualquier estudio relacionado con el cannabis, por lo que ninguno de los que hablaban de los beneficios de la planta volvió a ver la luz. De ahí se extendió al mundo.

Otro factor que influyó en este proceso de prohibición fue el racismo, pues, en ese tiempo, los mexicanos que llegaban a Estados Unidos llevaron la costumbre de consumir cannabis, algo que terminó relacionándose con conductas inapropiadas e incluso delictivas, aunque no necesariamente era así.

En este punto también entra el Jazz y la cultura afroamericana, debido a que en la década de 1920, el cannabis se convirtió en parte de esa escena musical, por lo que el racismo y el miedo se unieron para estigmatizarlo. En resumen, además de intereses económicos  y de poder, la base para declarar la ilegalidad de la marihuana fue que era cosa de negros y mexicanos.

Conforme pasó el tiempo, el discurso de las autoridades cambió y la marihuana dejó de ser la planta malvada que producía malos comportamientos y crímenes, y comenzó a tratarse como la droga que inducía el consumo de otras drogas más fuertes. Las sanciones y los controles que se impusieron fueron más drásticos, con enfoques punitivos, hasta la actualidad. Aunque en varios países ya se ha legalizado su uso medicinal y en otros pocos su uso recreativo, la ilegalización de esta planta tiene más un alcance económico y político que una base real de investigación científica.

De ahí que muchos colectivos y ciudadanos particulares se preocupen por entender y explicar la naturalidad del cannabis y de diferenciarla de las drogas que sí lo son. Para lograr su cometido, uno de los pasos importantes es explicar sus beneficios medicinales.

Paulina está convencida de que “la prohibición está basada en la ignorancia” y agrega que los beneficios son muchos. “El hecho de que los seres humanos poseamos un sistema endocannabinoide nos permite tener receptores CB1 y CB2 (regulan procesos corporales como el dolor, respuesta inmune, ansiedad, cognición, apetito, entre otros); y se ha descubierto que la molécula de THC es el análogo al CB1, que es el encargado de regular el sistema inmunológico, lo que ayuda a fortalecer el equilibrio de todo el cuerpo”.

Añade que si bien el THC es el responsable del efecto psicoactivo, también es el más medicinal, “porque no trabaja solo lo corporal, sino también lo mental y hasta lo emocional”, fundamentales, incluso según la medicina occidental, para la recuperación o el tratamiento de enfermedades.

“Lo principal es que te regula el sistema. Es decir, controla el exceso de algo, como dolor o inflamación. Lo mismo con las convulsiones, las frena. Es una planta equilibradora, muy completa”, añade Mary.

Para Luis, la cosa es incluso más sencilla: “en sí, la idea es abrirle los ojos a la gente, para que entienda que es una planta. Es como cuando éramos pequeños y nos dolía el estómago, tomábamos agua de orégano. La idea es que regresemos a ver a la tierra para curarnos”.

El proceso de elaboración de estos medicamentos incluye conocer a fondo los ciclos de siembra, crecimiento, desarrollo, recolección y cosecha, pues -dicen- cada paso es importante al momento de elaborar uno u otro compuesto, para lo cual extraen el principio activo de la cannabis, es decir los cannabinoides, dependiendo del tipo de aceite que vayan a elaborar (THC, CBG, CBN, entre otros), y lo fijan en aceite, ya sea de girasol, oliva, de coco, sacha inchi; o en manteca de cacao, o miel de abeja.

Así se obtienen los aceites o las pomadas y lo que el colectivo recomienda, dependiendo la enfermedad o el mal que se busque tratar, es una dosis mínima, para que cada paciente se conozca y sepa la cantidad que debe utilizar. Eso sí, sin abusar de su uso.

Los resultados en sus pacientes son visibles. María del Carmen tiene 41 años y padece de epilepsia desde su nacimiento, por sufrimiento fetal: su madre no fue atendida a tiempo cuando iba a nacer. “Durante mi vida he tomado todo tipo de pastillas, todo tipo de medicación y sufría de convulsiones constantes. La epilepsia incluso afectó a mi memoria y, como consecuencia, tengo esclerosis mesial en el lóbulo temporal izquierdo”.

Cuenta que le consultó a su médico neurocirujano sobre esta alternativa y él le recomendó conversar con el Dr. Gabriel, hace un año. En ese tiempo, ha bajado la dosis de Levetiracetam, de 2.000 miligramos a 500 miligramos, así como otros medicamentos. Los ataques epilépticos han desaparecido casi por completo, su apetito ha mejorado, así como su calidad de vida. “No hay punto de comparación de este último año al resto de mi vida”.

Otro caso es el de Melissa, de 18 años. Ella tiene autismo y retardo mental.  Washington, su padre, cuenta su historia: “Melissa comenzó a tener episodios de agresividad, dejó de reír. Se enojaba, se irritaba por todo. Incluso comenzó a agredirse a ella misma, por lo que desde hace algunos años empezó un tratamiento con un psiquiatra. También tomaba medicamentos antipsicóticos, que son bastante fuertes. Cuando iniciaron esos problemas comencé a investigar opciones y me topé con la del cannabis y, en un principio, por falta de conocimiento, cuando uno oye marihuana o cannabis se asusta. Pero comencé a leer y a investigar  y me di cuenta de que es algo natural. Me contacté con Luis y Paulina. Ellos me explicaron y despejaron mis dudas y las de mi esposa. Una vez que escuchamos las razones decidimos probar el aceite”.

Comenzó a tomar cinco gotas de aceite en la mañana y cinco en la tarde, desde marzo de este año. A las dos semanas se le quitó la irritabilidad, los episodios autoagresivos y volvió a ser la nena tierna y dulce. No hay otra cosa, porque Melissa estuvo en este tratamiento psiquiátrico desde hace siete u ocho años y nunca tuvo estas mejoras que vemos ahora.  El doctor que la trata no sabe que está tomando este aceite, pero viendo su evolución le bajó las dosis de medicamentos y le quitó otros, porque vio una mejora”.

Gabriel agrega que se debe tomar en cuenta que la mayoría de enfermedades que se tratan son crónicas: autismo, dolores, convulsiones, cáncer… “y no hay nada que te lo cure, porque ya es tu condición. La planta te lo equilibra. Algunos doctores dicen que hay casos como el dolor de cabeza, provocados por el estrés, que significan que tu sistema endocannabinoide está fallando, en los que te puedes curar por completo luego del tratamiento con cannabis. Pero, en cuestión de convulsiones o enfermedades o patologías más fuertes, es más físico y es algo que no te quita ni la medicina occidental. Lo mismo la marihuana. La diferencia es que es natural: te da una mejor condición de vida, no ingieres químicos y es más barato, porque lo puedes hacer tú mismo”.

Finalmente, Ananda agrega que la intención no es promover una masificación del consumo de marihuana, sino generar diálogo, invitar a la gente a que se informe y a que se dé la oportunidad de probar que el cannabis no es más que una planta que puede ser realmente útil para la salud.

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1 comment

  1. “A la marihuana aún se la mira como una novelería, incluso desde la academia” – La Caja Negra 25 octubre, 2017 at 23:14 Responder

    […] Sin embargo, Ecuador no está en ese grupo y su debate se prolonga cada vez más o -para ser más claros- se ignora. En 2016 se presentó un proyecto de ley en la Asamblea Nacional, pero no avanzó. Pese a eso, colectivos y personas particulares impulsan el consumo medicinal desde las “sombras”, porque los resultados en pacientes son visibles. […]

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