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¿Para qué sirven los museos?

Por María Gabriela Mena

Contestar esto es algo complicado, puesto que no existe una sola respuesta. Es que preguntarnos ¿para qué sirven los museos?, es una interrogante casi imposible de resolver a través de una definición de enciclopedia, y es algo que yo nunca dejo de preguntarme.

Haciendo una pequeña encuesta, obtuve respuestas amplias y diversas, como que los museos sirven para recordar, para llevarnos nuevos conocimientos, para saber de historia, para conocer más arte, para culturizarnos, para aprender jugando, para divertirnos, para detonar experiencias sensoriales. Me dijeron que los museos son educación, cariño y respeto por la identidad, también son una opción para escaparse del colegio, son aburridos o son memoria del corazón. Son lugares donde poner cosas importantes, espacios para los ancestros, e incluso sitios para albergar fantasmas.

Respuestas muy variadas, pero después de realizar esta encuesta, noté que entre los temas más comunes, los museos se ven como lugares para aprender arte e historia.

Es que tal y como se lo ve en el imaginario social, los museos tienen que ver con el pasado -es verdad- nos hablan de la historia y nos muestran los vestigios que dan testimonio de lo que pasó. Pero la pregunta sigue abierta: para qué nos hablan de la historia.

Otras veces los museos son lugares que muestran obras de arte, las clasifican, las seleccionan y las exhiben. Pero cuál es la razón para hacerlo, ¿tan solo fines estéticos y de exaltación o hay algo más detrás?

Y fuera del arte y la historia, qué pasa con los museos de ciencias, los etnográficos, los comunitarios y tantos otros tipos de museos que no se enmarcan temas tradicionales? ¿Para qué sirve estos?

Muchos repiten que los museos están hechos para aprender, para el conocimiento, para ser una extensión de la escuela, y esta apreciación tiene su verdad, pero yo me pregunto: ¿siempre vamos a un museo a aprender? o ¿siempre salimos aprendiendo algo de un museo?

A sabiendas de que todas esas respuestas dadas son la realidad, ya que los museos son lo que sus comunidades perciben, hay algo que va mucho más allá de las acciones como aprender, recordar, conocer o jugar, y que se puede aplicar transversalmente a todas ellas.

Los museos están para la gente, para vivir el presente de una sociedad. Y entonces se me viene a la mente la idea de que los museos existen simplemente para hablar de diferentes temas, para dialogar, para compartir historias… ¿será que también para ser críticos ante la sociedad?

Algo que es muy claro es que los museos ESTÁN, existen y son parte de nuestra realidad.

No pretendo responder a ciencia cierta una pregunta, casi tan difícil como sería develar la razón de la existencia humana, pero si quisiera aproximarme a una reflexión que vaya más allá de la tradicional visión del museo como centro de educación alterno a la escuela o como espacio de recreación.

Entonces me remito a una de las respuestas con la que me identifiqué, y digo con certeza que los museos sirven para abrir la mente. Eso quiere decir que los museos están para provocarnos una mirada crítica o para dejarnos pensando en algo que no habíamos notado, de modo que -ya sea historia, arte, antropología o ciencia-, podamos ver más allá del objeto exhibido, para preguntarnos cosas tan difíciles de responder tales como: ¿para qué sirven los museos? y unas cuantas interrogantes más.


Y es que en Quito, últimamente los museos se ha inaugurado y reinaugurado, se han abierto exposiciones temporales una tras otra, se han creado nuevas salas permanentes, y esto no es pura casualidad. Seguramente en muchos de estos nuevos espacios vamos a encontrarnos con diferentes formas de responder estas y otras preguntas.

Seguramente (y ojalá ciertamente) saldremos de estos museos con nuevas interrogantes, y solo entonces, yo siento que los museos han cumplido su misión. Porque más allá de enseñar, ilustrar o alfabetizar, los museos están para desafiarnos, y creo que por nada del mundo debemos perdernos de esa maravillosa oportunidad.

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