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Retratos de impotencia y dolor

Por Luis Mariño Carrera*

En nuestro país, los casos de abuso sexual infantil son alarmantes. El Ministerio de Educación registra alrededor de 102 denuncias de violencia sexual en espacios educativos cada año. La Comisión de Estadísticas de Violencia de la Fiscalía indica en un reporte de 2017 que las ciudades con mayor número de denuncias de violación contra niños y niñas menores de 10 años son: Guayas 18,14%, Pichincha 12,83% y Manabí 11.95%.

Estas cifras demuestran la situación vulnerable en la que se encuentran los niños y niñas en Ecuador. Los delitos sexuales a menores requiere, evidentemente, de la intervención gubernamental, pero también del despertar de toda una sociedad que debe dejar de ser un simple testigo de la realidad.

El proyecto fotográfico “No más infancias rotas” captura las reacciones, expresiones y sentimientos de ciudadanos y ciudadanas que, frente a una cámara, en soledad y aislados del ruido de la cotidianidad, vuelven a escuchar las historias desgarradoras de abuso sexual a menores.

Este trabajo fue realizado por el fotógrafo y productor audiovisual,  Luis Mariño Carrera, con  la colaboración voluntaria de más de 45 personas que accedieron a ser fotografiadas.

A continuación, les dejamos con las palabras del propio autor, quien introduce así su trabajo:

Un retrato es una biografía visual. No hay cómo esconder todo el tiempo nuestra reacción a algo que tratamos de ignorar. Nuestro rostro nos delata. Nuestra mirada trata de huir. Nuestros ojos se cierran tratando de encontrar el sueño o pesadilla para finalizarla y despertar.

De eso se trató este experimento social.

Los retratados no sabían exactamente a qué fueron cuando los convoqué. Únicamente sabían que los iba a retratar.

Asistieron estudiantes, profesores, militares, empleados públicos, empleados privados, productores, economistas, vendedores, músicos, pintores, jugadores profesionales, magos. Participaron personas que jamás había visto en mi vida y, aún así, al finalizar los sentí cercanos, tal vez, porque nadie es tan lejano de nadie, menos aún cuando hay un dolor latente y heridas abiertas que nos unen.

Les pregunté sobre su infancia. Fueron varias las respuestas las que me dieron al indagar acerca de sus sueños y de sus bellos recuerdos de niñez.

A renglón seguido les narré historias como estas:

– Ven acá, entra al baño, tócame. ¡Qué me toques te digo! ¡Cállate y no llores, mierda! Si sigues llorando te voy a matar y nadie te va a ayudar. ¡Tócame! Abre la boca, carajo! ¡Tócame bien! ¡Cállate, cállate! ¡Todo esto es tu culpa, por tu culpa te estoy haciendo esto! ¡Es tu culpa!, ¿¡entendiste mocosa idiota!? / Ya, vístete y deja de llorar, si sigues llorando te voy a matar, a ti y a tus papás. Sé dónde vives. Si avisas te voy a matar, y a tus hermanos y a tu mamá. ¿¡Oíste, oíste!? ¡Responde, carajo!

Les pregunté cómo se sienten al escuchar que un/a niño/a había sido abusado, ya sea por sus padre, profesores, gente cercana. Les pregunté cómo pensaban que se sentía un niño abusado, qué es lo que creían que pasaba por sus pequeñas cabecitas. Les pregunté qué harían si algo así le hicieran a un niño/a cercano a ellos.

Hubo muchos silencios: incómodos, dolorosos, abrasadores. Vi cómo sus ojos buscaban la salida, vi cómo se sintieron aterrados y atrapados. Vi cómo se olvidaron que había una cámara frente a ellos. Vi cómo sus almas lloraban de ira, de dolor, de orfandad.

Les pedí disculpas porque no se esperaban que un retrato terminaría con un sabor tan oscuro y doloroso. Pero sentía que era necesario que no nos perdamos en el tiempo y en las agendas de los medios, en la conversación, en las marchas. Importan sobre todo, empatizar con los dolores y la lucha de muchas familias por justicia.

Esta serie de retratos muestran la reacción de las personas que suelen reír, pero que también suelen sentir enojo, ira, dolor, terror, asco, pena por una situación latente, que nos debe obligar a hacer algo para que jamás se vuelva a repetir. Y para que quienes fueron tan despiadados de romper a un niño/a, jamás lo vuelvan a hacer. Para que los abusados sean acogidos, confortados y siempre se crea en ellos. Para no mirar a otro lado. Para protestar e interesarnos por situaciones realmente importantes y esenciales

No quiero más infancias rotas. No quiero impunidad. No quiero tolerancia al abuso sexual infantil, JAMÁS.

Para mirar el trabajo completo del autor, visita el siguiente link https://www.facebook.com/pg/luis.marinocarrera/photos/?tab=album&album_id=1715497631815612

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* Comunicador, Fotógrafo y Productor Audiovisual. Ha desarrollado proyectos fotográficos y audiovisuales de varias temáticas sociales en el Ecuador. Sus trabajos han sido expuestos en varios eventos nacionales e internacionales.
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