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Una comunidad desalojada: la vida en los exteriores del terminal de Carcelén

Por Joselyn Egas*

Adentro del terminal terrestre de Carcelén ya no queda rastro de las carpas y colchones de los migrantes que se hospedaban ahí hasta encontrar una oportunidad que los estabilice económicamente; tampoco quedan ya rastros de la comunidad venezolana afuera de la terminal que, la anterior semana, fue desalojada por las autoridades y reubicada en albergues. Se trata de una comunidad que está siendo intervenida, desde el 18 de noviembre de este año, con la finalidad de removerla y ubicarla en centros temporales.

La colección de imágenes que verán a continuación corresponden a los meses entre agosto y septiembre, cuando decenas de venezolanos migrantes todavía sobrevivían instalados en los exteriores de la terminal de Carcelén, refugiados entre plásticos, cobijas y carpas viejas.

En este pequeño grupo de venezolanos existían líderes encargados de administrar las carpas, la comida y la ropa para evitar conflictos internos. “Las carpas son divididas por aquellos que tienen familia y por los que vinieron solos, también repartimos las donaciones a aquellos que tienen menos o vienen con hijos menores”, comentaba Julio Cesar Mujica que vive en Ecuador hace tres meses y aún está desempleado.

Según cifras del Instituto Nacional de Estadísticas y Censo (INEC), en el 2017 ingresaron al país 227. 810 venezolanos, de los cuales 71.188 se quedaron.

Durante el día, recibían pequeñas donaciones de fundaciones o gente que deseaba dar una mano, pero lamentablemente estas ayudas no cubrían las necesidades básicas. Esta pequeña comunidad no lavaba su ropa tan frecuentemente, puesto que no tenían agua suficiente para su aseo personal o vestimenta. Sin embargo, en la terminal o en casas cercanas, a cambio de un dólar, podían bañarse y lavarse los dientes; y por cinco dólares podían lavar su ropa dependiendo la cantidad y qué tan sucia estaba. Pero ellos, ni ahora ni antes, no siempre cuentan con ese dinero y se limitaban a ciertas necesidades, lo que ocasionaba una mezcla de olores, entre humedad y sudor, que se volvían insoportables dentro y fuera de las carpas.

Desde el 24 de agosto del 2018, los venezolanos deben traer su cédula de identidad certificada para poder ingresar al Ecuador, así lo confirmó el Ministerio de Interior luego de analizar si debían o no presentar el pasaporte para controlar el flujo migratorio.

John Carrizales, quién vive en el país hace 3 meses y estaba encargado de la distribución de ropa y comida, comentó que las donaciones siempre fueron (y son) bien recibidas y más durante el invierno. “Hemos aprendido a vivir como perros de guerra, en situaciones malas y peores, pero el hermano ecuatoriano nos ha dado esperanzas para seguir aquí luchando”.

Aquí presentamos la historia de este grupo de venezolanos que, hasta hace una semana, todavía sobrevivía en los exteriores del terminal de Carcelén.

 

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* Joselyn Egas es estudiante de periodismo de la Universidad de las Américas. Su mayor pasión es la fotografía, la pintura y la música. Para ella, la foto es un acercamiento a grandes historias que esperan ser contadas.

 

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