Política

“Como asambleístas, debíamos desconfiar, pero confiamos demasiado”

Por Reinaldo Endara/ Fotografía de Ricardo Guanín

Renunció al Gobierno actual porque no se sentía cómodo. Como muchos de sus coidearios, dice no estar seguro sobre el rumbo que tomará el régimen. Le preocupa que se intente “borrar el recuerdo de la revolución ciudadana”, cuestión que ha provocado un clima de disputa al interior de Alianza PAÍS (AP).

Virgilio Hernández, Doctor en Jurisprudencia, Máster en Ciencias Políticas, y militante de AP, se define como un “cristiano de izquierda, formado en las raíces de la teología de la liberación” y como una persona crítica, “coherente con los intereses de las grandes mayorías”.

Empezó su vida política en la adolescencia, cuando sus padres se trasladaron a vivir en la Mena 2, al Sur de Quito. Los acompañaba a reuniones barriales. A eso le siguió su primera incursión política junto a un grupo juvenil de la iglesia católica, con el que se preparaba para el sacramento de la Confirmación.

Desde ahí no ha parado. Participó en directivas barriales y, con el mismo grupo religioso y el apoyo de algunos sacerdotes que promulgaban la teología de la liberación, como el padre Carolo o el padre Graziano Masón, se dedicó a la formación de bases de movimientos de izquierda. También fue presidente del Consejo Estudiantil en el Colegio Montúfar.

Pese a que sus primeras incursiones políticas se dieron de la mano de la iglesia, ahora ya no participa de las comunidades eclesiales aunque aclara que sigue teniendo “esos grandes amigos”. “Desde esa época comenzamos a pensar que la democracia no solo debe ser la posibilidad de votar, sino de tener mejores condiciones de vida”, recuerda.

Fue parte de la Coordinadora Popular, con la que se vinculó al movimiento indígena a mediados de los 90 y acompañó su proceso de visibilización y posicionamiento. Incluso fue parte de los fundadores del brazo político de la Conaie, el Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik Nuevo País.

Agrega que luego del derrocamiento de Jamil Mahuad, él y ese movimiento se aliaron con Lucio Gutiérrez y su naciente partido, Sociedad Patriótica, pensando en las elecciones; pero que ese ‘romance’ duró apenas unos meses después de haber llegado al poder. Las diferencias al interior de Pachakutik se volvieron complejas y, en 2003, tomó la decisión de salir del partido: “se dio un cambio en la dirección y predominaron las corrientes etnisistas conservadoras de derecha, que priorizan lo étnico por encima del programa de cambio”.

Años después se vincularía al proyecto político Acuerdo PAIS, por el que ganó una curul en la Asamblea Constituyente de 2008. Una vez aprobada la nueva Carta Magna y ya como militante de Alianza PAIS fue candidato en dos ocasiones a la Asamblea Nacional, habiendo conseguido en ambas un lugar en el legislativo, por lo que es uno de los nombres más ligados a este movimiento que gobernó Ecuador durante la última década y que aún se mantiene en el poder.

Hernández dialogó con La Caja Negra para analizar el complejo momento político que vive el país y, sobre todo, el partido de gobierno.

En los 10 primeros años de Gobierno de Alianza PAÍS, el suyo ha sido uno de los nombres más visibles. Desde esa perspectiva, ¿cómo los califica?

Creo que son 10 años de transformaciones profundas: el Estado recuperó su papel regulador, planificador y redistribuidor. Cuando se trabaja en salud, educación, carreteras, obra social se está redistribuyendo el dinero de los ecuatorianos en servicios para la mayoría.

Además, hay una modernización democrática. Pasamos de esta modernización neoliberal, que generó un 80% de pobreza, a una modernización que genera mayores condiciones de igualdad. Ecuador sigue siendo un país desigual, pero con más condiciones de igualdad y equidad.

Nos preocupamos por lo social y por desarrollar lo productivo. Si Ecuador quiere tener futuro, debe vender inteligencia, servicios. Debe participar en el entorno donde no solo importa lo que produce, sino el cómo se produce. Son años con una profunda preocupación por el ser humano.

Logramos que los sectores poderosos, como bancos, grandes empresas y medios de comunicación, entiendan que no pueden solo llamar y poner los ministros que quieren. Esto, sin dejar de reconocer que han existido límites y errores.

Alianza PAIS sigue en el poder, aunque con otra figura presidencial, que ha roto -al menos- con el estilo del Gobierno que le antecedió ¿Qué piensa de ese cambio?

Es correcto que existan estilos diferentes, porque son personas diferentes. Por lo tanto, no se podría pedir que tengan el mismo estilo.

Más allá de eso, es incierto lo que va a pasar en el Gobierno del presidente Lenín Moreno. Es decir, qué va a prevalecer: los planteamientos de esta izquierda progresista o los intereses corporativos, que siempre están buscando la cercanía en este entorno de disputa. Espero que finalmente se decante en favor de seguir abonando a un proyecto de cambio y transformación.

En lo que sí estoy de acuerdo es en la lucha contra la corrupción, porque ningún proyecto que se llame revolucionario puede socavar o encubrir la corrupción; pero no puede asumirse el discurso de lucha contra la corrupción, como un elemento para acabar con la revolución ciudadana, lo que llaman el correísmo o los logros de estos 10 años.

De esta década quedan aciertos, pero también cuestiones del otro lado. Cosas y casos que se están denunciando desde el actual Gobierno, que es del mismo partido, y desde la ciudadanía. ¿A qué atribuye estas contradicciones en el legado?

Indudablemente existieron personas que fallaron. En esto quiero ser claro. La revolución ciudadana tiene que ser profundamente autocrítica. Creo que uno de nuestros errores fue confiar. Soy autocrítico: fui legislador y creo que por ser legisladores estábamos obligados a desconfiar. Un legislador está obligado a fiscalizar, pero nosotros partimos de la confianza y eso hizo que en muchos casos no cumplamos el rol que teníamos y que personas inescrupulosas abusen de esa confianza.

Por otro lado, todos esos entramados de corrupción pueden ser posibles porque hay un sistema internacional que favorece a la corrupción: los paraísos fiscales; en eso creo que hemos dado pasos importantes para que dejen de ser esos agujeros en los que se esconde la corrupción del mundo…

 

Sí, los paraísos son una parte de esta cadena pero la corrupción surge de la persona y del sistema…

Es un círculo. La persona puede cometer actos de corrupción porque finalmente sabe que hay un lugar donde puede depositar esos recursos mal habidos. Por eso es importante liderar una campaña internacional en contra de estas legislaciones y jurisdicciones de nula o baja imposición, porque esconden el que personas, del sector público y fundamentalmente personas del sector privado, puedan anidar riqueza muchas veces mal habida.

Es de ambos sectores y entiendo que lo que pide el país es que no exista ningún tipo de corrupción. Pero partamos de esa autocrítica, porque, como bien dice, ese legado ha dejado cosas buenas, pero da la impresión de que Alianza PAÍS trata de hablar solo de lo bueno, ¿por qué no de lo otro?

Yo le estoy señalando errores, incluso de quienes estábamos obligados a desconfiar, pero que no cumplimos con esa parte.

Creo que nos faltaron mecanismos de control más eficaces al interior del Estado y del movimiento, para detectar a estos corruptos que ponían su plata, generalmente en paraísos fiscales. Creo que es un error nuestro y fundamental.

Tampoco se pudo distinguir adecuadamente una política de alianza con distintos sectores. Lo que conllevaba a que no tengamos una política en la que podamos ver que con muchas organizaciones teníamos el 70% en común y solo un 30% para seguir debatiendo.

Nosotros logramos, equivocadamente, que esa organización y todo ese sector esté en contra nuestra, cuando a lo mejor eran más las similitudes que las divergencias. No encontramos mecanismos para procesar. Ahí, por ejemplo, había muchos llamados de atención respecto a temas de corrupción en los que no pusimos suficiente atención.

Hemos cometido errores, sin duda. No hay que taparlos, pero no estoy de acuerdo en que esto se convierta en un mecanismo para socavar y desprestigiar todo lo que se ha logrado. Ahí está lo complicado. La forma como se procede ahora pone en duda los principios constitucionales e incluso los derechos humanos, porque si hay una presunción de que se hizo algo incorrecto, lo que se hace es denunciar primero, le sigue un escándalo público, se acusa y después se dice “ahora sí defiéndase”.

Ese procedimiento es inadecuado. Lo primero es que Contraloría analice, luego que Fiscalía investigue y que finalmente se señalen culpables. Aquí, con el apoyo de los medios, se hace al revés.

¿Cuál fue el motivo concreto por el que decidió renunciar al Gobierno?

Siento que se está tratando inadecuadamente el proceso de la revolución ciudadana, porque creo que hay una visión equivocada de que, para consolidar este nuevo Gobierno, hay que enterrar la última década, que deben enterrar cualquier sombra del correísmo.

Un segundo elemento es la serie de ataques generalizados que son injustos para quienes aportamos al triunfo de este Gobierno. Los términos “ovejunos”, “mafiosos”… son calificativos inadecuados y cuando uno está en contacto directo con la militancia, ésta reclama y se cuestiona el porqué se permiten esos atropellos.

Y el tercero, por lo menos en el área en que yo estaba siendo una especie de consejero o ministro coordinador de las áreas de hábitat y ambiente, es que existe una inapropiada forma de gestionar lo público. Ahora todo es centralizado lo que hace ineficaz la ejecución de lo público.

¿Su renuncia significa que se aleja de la política, del Gobierno o solo de la figura del presidente Moreno?

Por ahora dejé de ser parte del Gobierno. No dejo de ser parte de PAIS ni de activar al interior del movimiento. Sigo creyendo que es necesario profundizar la revolución ciudadana, que hay que continuar, corregir errores y buscar innovaciones dentro de la organización.

Este descontento con medidas, palabras e ideas del Gobierno de Moreno, que no son solo suyas, evidencian -cuando menos- una situación complicada al interior de AP. ¿Cómo solucionarlas?, ¿hacia dónde debe ir el movimiento?

AP no puede seguir presentándose como un movimiento homogéneo, monolíticamente unido. Debe modernizarse y ser un movimiento como lo son las fuerzas progresistas de izquierda en este momento. Es decir, que agrupen distintas tendencias, como ocurre con Izquierda Unida, Podemos, el Frente Amplio…, entre los que se logren acuerdos para nominaciones presidenciales y luego establecer, democráticamente, procesos de elección de autoridades, candidaturas.

Siempre ha habido debate interno, discusión interna y, al mismo tiempo, disciplina, una vez que llegamos a acuerdos; como tiene que ser un partido, porque aquí hasta eso se critica.  Creo más que nunca que se requiere de una perspectiva distinta, radical, por parte de PAIS.

¿Cuál sería esa perspectiva radical?

Que funcione sobre la base de tendencias. Estamos buscando una articulación que se llama “PAIZ“, con Z, que implica recuperar esa perspectiva de izquierda, de transformación, que es capaz de darse cuenta de las nuevas condiciones. Esto es ver desde la izquierda, pero con una visión global contemporánea.

Cualquier planteamiento socialista pasa por recuperar la capacidad de producción de la sociedad, de sostenibilidad de la producción para hacer viable el planeta, que pasa también por re-cuestionar y poner límites a la propiedad y al capital. Ya hay límites a la propiedad privada. Ya no se puede hacer lo que quiera. Ya hay límites sociales y límites ambientales.

Esa cree que es la estrategia con la cual se podría sostener el movimiento…

Sí. Además, creo que es un movimiento que requiere abrir el debate con la sociedad sin descalificativos. Debe encontrar nuevas reglas para establecer grandes acuerdos. Tiene que ser un movimiento que funciona independientemente de los acuerdos burocráticos, del Gobierno, de la legislatura…; que recupera la capacidad de conectarse con los jóvenes, con la sociedad, que permanentemente está revolucionando la sociedad. Creo que son retos muy grandes.

AP se dice de izquierda y que recoge tendencias de izquierda, pero hay cuestiones muy criticadas, como la minería, y por parte de otras organizaciones de la misma tendencia que en algún momento los apoyaron… Si bien los derechos de la naturaleza están consagrados en la Constitución, parecería que en las concesiones mineras no se aplican. ¿Cómo convencer a la gente que son de izquierda con estas contradicciones?

Creo que aquí actuamos mucho desde las consignas y evitamos el debate y este es uno que está postergado: ¿cómo logramos que Ecuador pase de ser una economía primario exportadora a una economía que venda inteligencia o servicios? Esto requiere de recursos.

Un discurso contradictorio en algunas organizaciones antiextractivistas es que se oponen a la minería o la explotación petrolera, pero al mismo tiempo demandan recursos. ¿De dónde salen esos recursos para pasar de un sistema económico a otro? No podemos quedarnos en el discurso de que estoy a favor o en contra. En la medida que hay estas consignas como posiciones contrapuestas se impide un real debate sobre el desarrollo.

¿Cómo logramos que el país tenga los recursos para construir una economía post-extractivista? Hay que pensar en una política minera y petrolera. Saber qué sí podemos topar y qué no. Siempre va a haber un impacto, como cualquier actividad humana, pero hay que pensar en que sea el menor posible, porque los recursos no solo les corresponden a esta generación, sino a las futuras.

Si algún sentido tendría la continuación de los diálogos debería ser hacia una real discusión de una política minera y petrolera.

 

¿Cuál es la posición del partido respecto a la Consulta Popular anunciada por el presidente Moreno?

No se ha discutido todavía cuál es la posición, porque no se conocen las preguntas.

Yo creo que hay una responsabilidad del Ejecutivo y es que tiene que señalar por qué considera necesaria una Consulta, no al revés. Una Consulta no es una encuesta en la que se busca preferencias y en función de eso le pregunto a la ciudadanía. La Consulta es un acto, a través del cual, el Presidente fija una voluntad. No puede ser utilizada a manera de regateo, diciendo qué preguntas quieren y demás. Ahí le ha faltado al Ejecutivo decisión para señalar cuáles son los temas por los que es necesaria y el motivo por el que se utiliza la Consulta, en lugar de otros mecanismos.

Me parece que el hecho de que se la haya publicitado primero, como es el nuevo estilo, persigue claros objetivos políticos.

¿Cuáles serían?

Estas son hipótesis, porque el Presidente aún no ha presentado sus temas. Primero, para muchos sectores de la oposición, la Consulta es para enterrar al “correísmo” y a la revolución ciudadana. Eso es algo de lo que debe estar consciente el Ejecutivo, porque es lo que pretenden algunos sectores.

El otro creo que es eludir la responsabilidad de los temas. Al final se va a decir: -“no soy yo el que quiero esos temas, pero son los que más me han planteado”-. Con eso se elude la responsabilidad y toma de decisiones.

Y me parece que la consulta pretende redefinir el campo al interior del movimiento PAIS…

¿Cómo se puede redefinir a un movimiento a través de una consulta?

Básicamente, redefinir la correlación de fuerzas al interior del movimiento y tener mayor control sobre este, cuando lo que se debería buscar es que sea un movimiento que actúe, no vinculado a la Asamblea o al Ejecutivo, sino como fuerza política. Sin embargo, creo que busca controlarlo de mejor manera, porque, a mi modo de ver, puede resultarle incómodo quién está en la Secretaría Ejecutiva, por ejemplo. El hecho de que no se hayan planteado los temas nos hace ver los objetivos políticos.

En el caso de que sus hipótesis se conviertan en hechos, ¿cómo dejaría la situación de Alianza PAIS?

Delicada. Lo que uno pensaría es que, de alguna manera, se está cumpliendo el objetivo de los sectores políticos que no le pudieron ganar a Correa en las urnas y por eso, a través de una decisión que nace de alguien que también pertenece al movimiento, lo que se busca es dejar al expresidente fuera de las distintas contiendas.

Es delicado el punto en el que estamos y hay que ver definitivamente qué es lo que se busca con la Consulta.

¿Qué temas no apoyarían en la Consulta?

Sería especular, pero creo que es intencional. También creo que tiene costos para el Gobierno. Toda elección genera incertidumbre, las inversiones se paralizan, el aparato económico se paraliza, pero veo que ha decidido asumir ese costo por buscar esta redefinición del escenario político.

Desde AP se ha lanzado la idea de ir a una nueva Constituyente, ¿por qué?

No soy partidario de esa tesis. Creo que la Constitución se elaboró en un momento importante y que tiene elementos fundamentales como el nuevo papel del Estado, el nuevo rol de la sociedad, de la democracia…

Me parece que volver a discutir la Constitución, en un momento como este, podría significar que nuevamente las fuerzas de derecha pugnen porque los intereses prevalecientes sean los del mercado.

Ese es un planteamiento que tienen algunos compañeros, pero creo que no es el momento y que, a menos de que tengamos una crisis política muy grave, que prácticamente imposibilite la gobernabilidad, no deberíamos plantearlo, porque el resultado para las fuerzas progresistas, democráticas y de izquierda puede ser peor que el que en este momento tenemos.

No tienen la misma seguridad de elecciones anteriores, de tener los votos necesarios…

Creo que una Constitución es un gran pacto con la sociedad y creo que la Constitución vigente ha permitido estos 10 años de transformaciones y que responde al momento actual del Ecuador. Quizás, como todo cuerpo legal, requiere ajustes, pero no es el momento para un cambio.

Según las encuestas, la aceptación que tiene el presidente Moreno es alta. ¿Cómo ve la militancia a estas encuestas y cómo ve la posición del Mandatario?

Creo que recogen la demanda de la sociedad porque exista mayor transparencia, porque exista más diálogo, que me parece importante. Y no es que estoy en contra de los procesos de diálogo, los apoyo, pero cuando se toma decisiones hay que pensar en el interés público y no de determinadas corporaciones ni determinados gremios.

Se habla de “correísmo” y ahora comienza a sonar el “morenismo”, aunque son figuras del mismo partido: ¿cómo entender esos términos en ese contexto?

Esta es precisamente una de las cosas por las que es necesaria la confirmación de tendencias, porque las alineaciones en cualquier organización política seria deben ser en función de planteamientos doctrinarios, porque aunque seamos de la misma corriente podemos tener diferentes matices. La única manera de superar el personalismo en el movimiento y la política ecuatoriana es fortaleciendo las instituciones y para ello se debe permitir que existan partidos que agrupan diferentes tendencias en su interior.

Habla de superar el “personalismo”, pero la figura del expresidente Correa tuvo y tiene una tendencia fuerte…

Los personalismos son parte de la historia del país, también propiciados por los regímenes presidenciales, porque finalmente es una figura en la que se concentra la decisión política.

Pero, los liderazgos son diferentes de los personalismos, porque se consolidan no por decreto ni por ganar una elección. Uno puede ganar las elecciones y no ser líder. Los liderazgos se dan porque son capaces de sintetizar valores, expectativas, anhelos de un conjunto social y yo creo que la presencia de Correa ha sido eso.

¿Cuáles son sus planes, ahora que renunció al Gobierno?

Ojalá me pueda vincular lo más pronto posible a la academia, a recuperar algunas clases que tenía. Y a seguir trabajando en lo de siempre, en la organización, en construir esta vertiente de izquierda en el movimiento, con profunda vinculación con las organizaciones sociales.

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