OpiniónPolítica

Y la vicepresidencia es para…

Por Sharvelt Kattán

Con la orden de prisión preventiva dictada en contra del vicepresidente Jorge Glas, solo una cosa es segura: los teléfonos de Carondelet empezaron a sonar y a hacer llamadas. Más de un político debe haber cambiado su agenda y el sillón del segundo mandatario ya empezará a ser la codicia de varios.

Si bien Glas ha explicado que no abandonará su cargo, su posible salida parece inminente. Si no renuncia por la presión mediática y de la opinión pública —a la que pronto se sumará la de su propio movimiento—, la prisión podría alejarlo de su puesto el suficiente tiempo como para que Glas sea alejado de su cargo, porque la Constitución dice que luego de tres meses de ausencia, el cargo entra automáticamente en vacancia. Glas ha intentado ganar tiempo, pidió vacaciones por sesenta días para evitar que la decisión de la Corte interfiera con sus funciones.

Su ausencia ya implicó una sustitución temporal, que dejó a cargo a la ministra de Desarrollo Urbano y Vivienda, María Alejandra Vicuña, quien ahora tiene las funciones que Moreno le delegó a Glas al inició de su administración, aunque si, por cualquier caso, Moreno no siguiera adelante del gobierno, ella no podría asumir la presidencia y esta recaería sobre el titular de la Asamblea, según la ley.

Sin embargo, la ausencia de Glas podría alargarse permanentemente si no logra volver a tiempo, algo que intenta cambiar con su apelación a la orden de apremio en su contra. Pues, luego del tiempo máximo de ausencia permitido, la Asamblea Nacional puede tramitar la vacancia del puesto, para que Moreno elija una terna con los nombres de los posibles vicepresidenciables. Otra posibilidad es que el legislativo no tome esa decisión, argumentando, por ejemplo, el derecho a la “legítima defensa” de Glas, algo que, de todas formas, es poco probable en el escenario político actual.

Y en la cabeza de todos empieza a sonar la pregunta: ¿quién ocuparía ese puesto? Y es que, en época de diálogos y asociaciones partidistas, a Moreno la presión le debe llegar desde más de un sector. Por un lado, quienes han decidido apoyar abiertamente a Moreno querrán aprovechar el escenario para conseguir réditos. Jimmy Jairala podría ser uno de ellos.

El pasado 6 de septiembre, el prefecto del Guayas informó que lideraba la creación de un frente político de apoyo a Moreno, llamado Somos Ecuador. La maniobra consiguió vincular nuevamente al movimiento presidido por Jairala, Centro Democrático, con el oficialismo, después de que se marcara un distanciamiento en campaña. El soporte era importante para Moreno, pues abría un frente de batalla en la costa, donde el peso político de Alianza PAIS residía en Glas y Correa, principalmente.

Podría ocurrir entonces que hoy Jairala desee cobrar el favor, sino es que ese pacto ha ocurrido ya desde hace semanas. Y a Moreno afianzar esa alianza podría convenirle si se toma en cuenta los altos niveles de popularidad del prefecto en la provincia del Guayas, y que puede ser extensible al resto de la zona litoral.

Pero el de Jairala no ha sido el único movimiento que se ha acercado al presidente en los últimos meses. Democracia Sí, agrupación política liderada por los hermanos Gustavo y Marcelo Larrea, no ha tenido reparos en mostrar su apoyo a las decisiones del primer mandatario.

De hecho, el nombre de Gustavo Larrea ya ha sido vinculado al de Moreno en más de una ocasión desde que este asumiera la presidencia. Las señales de alerta las lanzaron Correa y Glas, pero luego los asambleístas de AP se sumaron al rechazo de la presencia del exministro de gobierno en el círculo de confianza del primer mandatario. Carondelet salió al paso y negó esa denuncia, pero el hermano de Larrea aclaró que Democracia Sí apoyaba a Moreno.

Que Gustavo Larrea figure como uno de los posibles vicepresidenciables es complejo, pero no descabellado. Moreno mantiene con él una relación de amistad de décadas, y ha sido siempre enfático en aclarar que buscaría que antiguos miembros de Alianza PAIS —entre ellos Larrea—, que se alejaron durante la administración de Correa, regresen al movimiento. De todas maneras, la vinculación del líder de Democracia Sí en la terna podría significar grandes rompimientos dentro de Alianza PAIS, algo que Moreno, con una consulta por delante, querrá evitar. Pero aunque el nombre de Larrea, por ser una figura que crea resistencias en el ámbito político y ciudadano, fuera descartado, no es imposible pensar que sea alguien cercano a él quien termine formando parte de la terna de Moreno. Aliados de ambos, viejos compañeros militantes y amigos de hace décadas los hay varios. Por ejemplo, Miguel Carvajal, alguien a quien ya se ha empezado a nombrar desde los corredores de la Asamblea Nacional.

Se trata de uno de los miembros más antiguos de la Revolución Ciudadana. El ahora ministro de Defensa Nacional, se desempeñó como asambleísta por Alianza PAIS y asumió el encargo de la Secretaría de la Política del gobierno de Moreno tras la salida de Paola Pabón.

Se trata de uno de los hombres que ha permanecido fiel a la ideología de izquierda que fundó el movimiento y que, tras diez años de correísmo se fue diluyendo. Ahora, con la vuelta de esa tendencia, Carvajal, junto a otros mentalizadores de AP, se perfila como un político de total confianza y afinidad de Moreno, quien, entre otras cosas, ha estado al frente de la construcción de la Consulta Popular que el gobierno impulsa.

Pero la lista sigue llenándose de probables candidatos. Para el propio vicepresidente Glas uno de ellos sería José Serrano. El exministro de Correa y ahora presidente de la Asamblea Nacional pidió hace semanas al segundo mandatario que dé un paso al costado. Glas, quien se tomó esto como una traición a la Revolución Ciudadana, dejó entrever que lo que Serrano estaría buscando es ostentar su cargo. Por su parte, Serrano informo que el pasado 13 de julio firmó una declaración juramentada, donde aseguraba que no perseguía la Vicepresidencia y que, por consecuencia con los votantes, permanecería al frente de la Asamblea. Sin embargo, su nombre en la terna no deja de ser posible.

De hecho, su postulación en la terna podría ser segura, pues dentro del movimiento de gobierno se ha convertido en un hombre de confianza de Moreno. En ese sentido, que él haya figurado como primer candidato a asambleísta nacional, relegando a Rivadeneira al segundo puesto, bien pudo haber sido una de las condiciones que Moreno puso para su candidatura. La cercanía política de Serrano y Moreno es conocida y, junto con Falconí, Barrera y Espinosa, constituían en “ala de izquierda” de AP. Pensar en el titular de la Asamblea significaría consolidar la agenda propia de Moreno para desmantelar el correísmo de Carondelet.

La actual ministra de Industrias y Productividad, Eva García Fabre, también tiene posibilidades. No solo que cuenta con el apoyo de Moreno como secretaria de Estado, sino que ya ha intentado alcanzar la vicepresidencia. Lo hizo en 2002, cuando fue binomio de Rodrigo Borja para los comicios de ese año. Pero su probable aparición en la terna surgió luego de que Moreno la nombrara presidenta del comité ejecutivo del Consejo Consultivo Productivo y Tributario, cargo que había ostentado Glas hasta que el presidente le retirara las funciones.

Otro nombre ineludible en la lista es el de María Fernanda Espinosa. La también excolaboradora de Correa no solo que es más afín ideológicamente a Moreno, sino que además es pareja del hombre más poderoso en el país luego del presidente: Eduardo Mangas. El secretario de la presidencia se ha convertido en la “mano” de Moreno y su voz, al menos en la esfera pública, es tomada como la voz del primer mandatario. Así, terminar de distribuir el poder ejecutivo en la gente más cercana, manteniendo a Serrano, otro de confianza, en la Asamblea, puede significar el control de las dos funciones más fuertes del Estado.

Con los problemas que acosan al ejecutivo —sobre todo el de Correa, quien no ha dejado de amenazar al actual gobierno y que no deja de tener un fuerte respaldo popular—, la decisión más acertada debería ser pensar en alguien de su propio círculo, que tenga la confianza suficiente de Moreno, para evitar un nuevo roce, pues es claro que a la salida del mandatario anterior, los espectros de las destituciones, la muerte cruzada y una Asamblea Constituyente han vuelto a aparecer en el imaginario político y popular. Cerrar el espacio a las probables conspiraciones de fuera podría ser el objetivo inmediato del presidente ante la posibilidad de contar con un nuevo segundo mandatario.

Si bien los cuadros podrían aumentarse a lo largo de los siguientes días, no cabe duda que el círculo que Moreno tiene en mente es reducido y que la decisión deberá atender a la coyuntura política —plebiscito de por medio—, así como a la necesidad de tener un hombre o mujer en quien Moreno pueda depositar su total confianza, que pueda blindarlo de la confrontación política que se le avecina al primer mandatario. En definitiva, un político que esté dispuesto a jugársela por él.

Comparte:

Deja un comentario

Tu correo no será publicado. Los campos obligatorios están marcados con *